Mi primer encontronazo con el suicidio ocurrió cuando tenía 14 años, una edad temprana para que una tragedia así irrumpa en la vida. Me enteré por un amigo cercano. La noche anterior, Andrés Felipe, aquel compañero con quien jugaba todas las tardes al salir del colegio, el amigo generoso que nos invitaba a comer helado, a jugar Nintendo o a disfrutar de la piscina de su unidad, tomó la decisión de quitarse la vida.
El impacto inicial me paralizó. No brotó ninguna emoción inmediata ni pude llorar en ese instante. Fue un estado de shock absoluto, una marea de estupor que se prolongó durante días. Para empeorar el duelo, no tuvimos la oportunidad de despedirlo: no se realizó un funeral público o, si existió alguna ceremonia privada, no se nos permitió estar presentes.
Desde aquel momento, cada vez que Facebook me sugiere un recuerdo con una fotografía del pasado donde aparezco junto a él, o cuando su nombre surge espontáneamente en alguna conversación, reaparece esa incómoda culpa. Regresa esa pregunta persistente y dolorosa que hoy ya sobra, pero resulta imposible apagar: ¿qué más hubiéramos podido hacer para evitarlo?
Andrés representó la primera historia trágica en mi entorno, pero no fue la última. A lo largo de los años me he chocado de frente con las pérdidas de otros compañeros y amigos de mi generación; la más reciente ocurrió la semana pasada. Toda muerte prematura representa un vacío enorme, pero bajo estas circunstancias se transforma en una tragedia infinita.
Esta realidad personal refleja un fenómeno global preocupante. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año más de 700 000 personas pierden la vida por suicidio en el mundo. Además, representa la cuarta causa principal de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, lo que evidencia una vulnerabilidad crítica en una etapa llena de futuro.
Yo mismo he meditado sobre el suicidio; lo he considerado en momentos oscuros. Aunque nunca he llegado a intentarlo, durante mucho tiempo lo comprendí como una forma de escape, una solución para cuando la existencia parece no tener reversa. Sin embargo, encontrarle un indulto conceptual o moral a la decisión de quitarse la vida no le resta un ápice a su carácter trágico, y mucho menos elimina la urgente necesidad de prevenirlo.
Muchos de los dolores inmensos con los que una persona llega a esa hora final son abordables y evitables. Con el acompañamiento adecuado, psicoterapia estructurada, manejo farmacológico oportuno y redes de apoyo sólidas, es posible devolver la esperanza a quien cree haberla perdido. Como señalaba Albert Camus: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio». No obstante, la respuesta ante ese dilema no debe ser el aislamiento, sino la solidaridad humana.
Nos encontramos frente a una crisis que crece silenciosamente en un mundo agobiado por exigencias laborales y presiones diseñadas para desgastarnos física y emocionalmente. Son pesos cotidianos que intentamos inhibir con sustancias, estimulantes o distractores. Cuando estas evasiones fallan y el dolor se vuelve insostenible, la vida empieza a percibirse como una carga de la cual hay que liberarse.
Cada septiembre, en el mes de la prevención del suicidio, la sociedad recibe un recordatorio urgente: hablar de este tema sin tabúes ni estigmas es el pilar fundamental para salvar vidas. Pedir ayuda a tiempo no es un síntoma de debilidad, sino un acto de profunda valentía.
Líneas de atención psicológica y recursos de apoyo en Medellín
Si estás atravesando un momento de crisis o conoces a alguien que necesite apoyo profesional, existen canales gratuitos, confidenciales y disponibles las 24 horas:
- Línea Amiga de Salud Mental (Medellín): Marca al (604) 444 44 48 o escribe al WhatsApp 300 723 1123.
- Línea 123 Social (Medellín): Marca al 123 y solicita conectar con el equipo de atención en salud mental.
- Red de Escuchaderos: Puntos de atención psicológica gratuita en diferentes comunas y estaciones del Metro de Medellín.
- Línea Nacional de Emergencias: Marca al 106 o al 192 (Opción 4) para atención en salud mental en Colombia.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-machado/