La indigestión como estrategia

Si las noticias cayeran mal al estómago y no los lácteos y el glúten, no nos habría parado la diarrea. Causar indigestión como estrategia es una de las instrucciones del manual que sigue nuestro mini Trump tropical en la Presidencia. 

En 2018, Steve Bannon le dijo a un periodista de Bloomberg: “Los demócratas no importan. La oposición real son los medios. Y la forma de tratar con ellos es inundar la zona de mierda”. 

Lo que quería decir el estratega de Donald Trump en ese entonces era que bastaba con lanzar varias informaciones simultáneas, decisiones ejecutivas, todas polémicas, algunas falsas, otras filtradas, para ofuscar la mirada de la prensa. Para que no supiera para dónde mirar, qué cubrir. Abrumarla, desenfocar, aturdirla con el ruido, causarle indigestión a punta de escándalos, el uno peor que el otro, como combinando en una cazuela confites con chicharrón.  

Y en un entorno donde todo apesta a la vez, y los medios de comunicación se ven incapaces de profundizar en cada cosa, regímenes como el que estamos estrenando, aprovechan para lo suyo, que es minar de a poquitos, con disimulo, las estructuras de la democracia. 

Acaba de pasar una semana donde se acabó un espacio informativo de periodistas críticas del recién elegido presidente, por supuestas presiones del Gobierno; se conoció una directriz que indica restringir la información pública de ruedas de prensa a los medios amigos y las declaraciones de ministros a una estricta supervisión; se filtraron instrucciones del gobierno a contratistas de la Agencia Nacional de Tierras que les “recomiendan” no mencionar con recurrencia la palabra “campesinos”, y sustituir por completo el término “reforma agraria” en sus informes y actas. 

Sin terminar de recuperar el aliento, preguntándonos por la libertad de prensa y el deber constitucional de los funcionarios de entregar información pública, nos vuelve a retumbar un “viva Cristo Rey” en el Estado laico frente a veintitrés cadáveres empacados en bolsas blancas, muertos en un bombardeo. Nos quedamos sin respiración por lo inédito de la imagen. No por lo inédito, por lo inapropiado. Tampoco. Por lo inhumano y lo grotesco: el contrato social deshaciéndose en hilachas; la exhibición de la muerte por el gusto de la celebración a nombre de Dios, en lugar de la dignidad del que tiene el monopolio de las armas y al que el Derecho Internacional Humanitario le exige el respeto a los muertos y le impide el trato degradante a los vencidos.

La escena de caminar entre los cadáveres hechos mercancía y propaganda, la repitió el mini Milei al día siguiente, porque la estrategia es practicar la asfixia de la opinión hasta el desmayo. 

En una semana y apenas por cumplir un mes en el poder, el Tigre va metiéndose en el bolsillo de atrás del pantalón caqui varias normas constitucionales y una parte del derecho internacional. Es difícil saber con qué nos atragantaremos la semana que viene, si el mareo ya empieza a nublarnos la vista. 

Habrá que tener a la mano una aguja con qué pincharnos para no perder la sensibilidad al dolor en medio de tácticas que apuntan a lo que algún meme pronto dirá: dime que estás acabando con la democracia sin decirme que estás acabando con la democracia.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/catalina-montoya/

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