La extrema derecha puede terminar prestándole un servicio inesperado al país: obligar a la derecha democrática a decidir dónde poner sus límites.
La llegada de Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) al poder y la consolidación de su partido Defensores de la Patria (@defensoresco) están reordenando el mapa de la derecha colombiana. Para el Centro Democrático (@CeDemocratico) y su líder Álvaro Uribe (@AlvaroUribeVel), aparece una disyuntiva: competir con el nuevo gobierno radicalizando su discurso a la derecha o reconstruirse como una opción democrática, institucional y capaz de trabajar con sectores de centro, y así, hacerle honor a su nombre.
Comienzan a aparecer diferencias entre estas derechas, que permiten plantear esta hipótesis.
Una de ellas es la objeción presidencial al proyecto de Hernán Cadavid (@hernancadavidma) que regula la disminución de requisitos para cargos directivos del estado. La iniciativa, de seis artículos, fue promovida cuando el Centro Democrático era oposición a Gustavo Petro (@petrogustavo), aprobada por el Congreso y objetada ahora por un gobierno al que ese partido ayudó a elegir.
Su principio es sencillo: los requisitos del cargo deben anteceder al nombre de quien pretende ocuparlo. El proyecto no elimina la discrecionalidad del nominador ni impide toda modificación. Cuando existan necesidades del servicio, permite disminuir requisitos, pero exige justificación técnica y controles adicionales.
John Stuart Mill escribió en ‘Considerations on Representative Government’, en 1861, que una de las tareas del gobierno consiste en encontrar “a las personas más aptas para ocupar empleos públicos”. Para impedir que los cargos del estado se conviertan en patrimonio de políticos o de partidos: clientelismo.
Después del choque, el ministro del Interior (@MinInterior), Rodrigo Lara (@Rodrigo_Lara_), y el presidente del Senado, Honorio Henríquez (@honohenriquez), abrieron la puerta a un acuerdo para salvar la iniciativa. Eso también es importante para el Centro Democrático: ser partido de gobierno no exige obediencia legislativa, y con la elección de Henríquez ya sabe que puede sentar al gobierno a negociar.
Ser de centro no significa ubicarse geográficamente entre dos extremos. Podemos coincidir con la centroizquierda cuando defiende los derechos, la igualdad de oportunidades o la protección social; y con una centroderecha democrática cuando defiende las instituciones, la libertad económica y establece límites al poder.
Por eso puedo discrepar con el uribismo en muchos temas, pero reconocer que, en este asunto, Cadavid tiene razón.
La nueva derecha está obligando al Centro Democrático a definir el extremo de su límite derecho. Si esa nueva frontera le otorga un carácter de derecha democrática, habrá muchos escenarios de coincidencia con el centro liberal.
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