Uno de los capítulo más doloroso de Cien Años de Soledad es el que narra a la masacre de las bananeras. La historia, basada en hechos reales, alude a lo acontecido en diciembre de 1928, cuando el ejército colombiano, en defensa de una empresa gringa, la United Fruit Company, interviene para terminar la huelga de los trabajadores a punta de balas y asesinatos. José Arcadio Segundo Buendía repite que debieron ser más de tres mil los muertos. Los historiadores, por fuera de la ficción, no se pusieron de acuerdo en el número. Lo cierto es que la masacre sucedió aunque trataron de minimizarla.
En la versión audiovisual de libro, que circula por estos días, ese capítulo es preciso, agotador, muy angustiante. Y tal vez, lo que más aterra es que resume otra perfecta demostración de la sabiduría de Úrsula: el tiempo da vueltas en redondo.
Estamos en 2026 y el presidente de hoy también está descrestado con los gringos, como, al principio, le sucedió a tantos en Macondo. Parece creer que los del norte son sinónimo de “desarrollo”, pero, ¿qué entenderá él por esta palabra?, o ¿de qué se estará protegiendo? Porque lo que sí sabemos desde antes de 1928 es que, sea lo que sea, el precio es impagable con plata y “eso” se tendrá que pagar con vida, con agua, con petróleo, con minerales, con bosques.
Que el ejército gringo pueda pasear por el territorio colombiano; que ahora hagamos parte del “Escudo de las Américas”; que quieran sacar al país de organismos internacionales; que se autorice la prórroga de la exploración de la AngloGold Ashanti en Jericó y Támesis; que se permita la minería en el páramo de Santurbán; que se impulse el “fracking a lo que dé”… en fin, obedecer a los intereses extranjeros es empezar, como mínimo, a regalar el país por cuotas anticipadas.
En Macondo también aprendimos que el espectáculo y las promesas extranjeras de modernidad solo disfrazan la fragilidad del poder. Y que si la moneda de cambio son el oro, el agua, el petróleo, los bananos, la vida, o la dignidad, entonces no se está defendiendo ninguna patria. Se está engordando un balance de resultados para los accionistas de afuera. Y lo sabemos porque en Colombia ya lo vivimos: el tiempo da vueltas en redondo.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/