Pregunte por lo que no vea

Pronto será la toma de mando del nuevo presidente de la República, Abelardo de la Espriella. Se ha informado que tanto la pólvora como los gatos están agotados y que las camisetas de la Selección Colombia, tras la salida del Mundial de fútbol, vuelven a estar disponibles.

Una de las opciones que se plantean para la posesión es Madrid, Cundinamarca, lugar donde ahora vivo. Es un municipio modesto, sin mayor ruido en la escena pública, reconocido por su producción de flores y por albergar algunas industrias de comestibles. La base aérea, de vez en cuando, se hace notar por el aterrizaje de helicópteros y el entrenamiento de militares. Pero de ahí a que Abelardo decida posesionarse aquí, no lo creo. Sospecho que el populismo de cara a Bogotá no le cae bien al nuevo mandatario. Además, este municipio ha demostrado una marcada resistencia a las posiciones políticas de derecha; así lo evidenció durante el estallido social y lo confirmó recientemente con la votación a favor de Iván Cepeda.

Ahora bien, cualquiera de los escenarios distintos al Capitolio supone un reto logístico y un gasto considerable para el Estado. Mejor dicho, antes de empezar a gobernar ya estaría poniendo a trabajar el presupuesto en un asunto que no debería existir. La Constitución es clara: el presidente debe tomar posesión ante el Congreso reunido en pleno; solo si ello no fuere posible existen mecanismos excepcionales. Pero Abelardo y su séquito parecen convencidos de que el espectáculo siempre produce mejores dividendos que la institucionalidad. Y, como ya es costumbre, la estrategia consistirá en dividir el país entre quienes defienden el capricho y quienes defienden la norma.

Mientras tanto, el asunto de la posesión ha adquirido ese tono de telenovela que tanto nos gusta a los colombianos. Ya no discutimos dónde se resolverán los problemas del país, sino dónde quedará mejor la fotografía presidencial. Y si de convertir todo en negocio se trata, no pienso quedarme atrás.

Si por algún milagro patrio, el evento termina siendo en este municipio de la Sabana de Bogotá habrá que aprovechar la coyuntura. Estoy preparando un catálogo con productos que estén a la altura del magnánimo evento, incluirá: un menú de alto turmequé, una línea de ropa, artesanías y licores edición presidencial.

Quizá sea la oportunidad de sacar el empresario que llevo dentro. El mercado es diverso, aunque esa palabra conviene usarla con prudencia en este gobierno. Digamos, entonces, que está compuesto por patriotas amantes de la changua, los sombreros, las sombrillas, los licores, el blindaje, las biblias y la música clásica.

Creo que ya me decidí. Voy a ver el vaso medio lleno y convertiré la visita presidencial en un emprendimiento. Si el presidente se sienta en cualquier corredor del pueblo, ese lugar quedará inaugurado como atractivo turístico. Venderé fotografías de Abelardo tomando tinto; el masato se llamará DEFENSOR; la carranga sonará en versión sinfónica; las ruanas con la cara del tigre tendrán descuento y las sombrillas con blindaje vendrán con escolta para quienes completen la siguiente frase: defender la patria por el derecho o por la…

La patria milagro ya empezó a hacer de las suyas: despertó mi espíritu comerciante. Y frente a esa certeza, cómo no aceptar que uno es pobre porque quiere. Estoy decidido a aportar al cambio, buscando patrocinadores que lleguen firmes con la plata para montar empresa. Al final, el verdadero milagro será demostrar que, en un país donde la política se vende como espectáculo, siempre habrá público… y yo ya tengo listas las boletas.

Mi negocio tiene una amenaza evidente: que el presidente recapacite. Bastaría con que entendiera que un empresario serio no ignora las reglas del juego y que un jefe de Estado no está para convertir sus preferencias personales en asuntos de interés nacional. Si eso ocurre, tendré que desmontar el puesto de changua. Y, por primera vez, perder un negocio sería una buena noticia para el país.

Entre tanto, preparo una nueva edición de la Biblia con Derechos Básicos de Aprendizaje para las escuelas públicas. Los interesados, hablamos por interno. Será como la relación del presidente con su gabinete, con una diferencia: la mía sí tiene garantía.

Pregunte por lo que no vea.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-carlos-ramirez/

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