El próximo 20 de julio se posesiona el nuevo Congreso de la República, la antesala del recambio de poder y de una nueva era política marcada por una oposición fuerte que buscará hacerle contrapeso a un gobierno que tiene interiorizado las formas de los gobiernos populistas de derecha de estos tiempos. ¿Logrará Abelardo sostener las tan anunciadas mayorías mostrándole los colmillos a los nuevos parlamentarios?
El nuevo gobierno, como todos, arranca con buenos números en el legislativo. El anuncio del Centro Democrático, Cambio Radical y Salvación Nacional de conformar la coalición de gobierno le garantiza a la Casa de Nariño 28 Senadores como case “seguro” para las peleas en el capitolio, pero para obtener las mayorías que necesitan las reformas o proyectos de ley clave, deberá pescar en los partidos de “los de siempre”: Liberal, Conservador, Partido de la U y el MIRA. La certeza de esas mayorías dependerá de los acuerdos y transacciones burocráticas y contractuales que llegue a ofrecer el nuevo gobierno y de si este es capaz de hablar en su lenguaje.
Conformando esa gran coalición el Gobierno obtendría 63 de 103 senadores de su lado, pero, si miramos con lupa esta coalición parece que será endeble. Esta suma de servilleta esconde varias incógnitas respecto al comportamiento de varios congresistas que podrían no jugársela a fondo con el nuevo Gobierno.
Estaría por verse la postura de senadores liberales como Maria Eugenia Lopera, socia de Julián Bedoya y escudera del gobierno saliente, Camilo Andrés Torres Villalba, heredero del poderoso clan Torres o Fabio Raúl Amín y Léon de Jesús Gallego socios del petrismo. Así mismo, algunos políticos del partido de la U, Conservador y hasta el Centro Democrático, aunque del lado del gobierno, dudarán en apoyar propuestas que atenten contra el status quo de la burocracia, de ciertos intereses económicos o de la estabilidad macroeconómica como lo hicieron con muchas propuestas que impulsó Petro en estos cuatro años.
El maltrato que el Gobierno le está haciendo al Centro Democrático con su posible y -a la luz del triunfo de Abelardo- merecida participación del gobierno y en las elecciones de la mesa directiva en el Congreso es otro ingrediente que se suma a la falta de astucia política y el exceso de arrogancia con el que el Gobierno entrante está manejando su relación con el capitolio.
Todo esto sin contar con los dos grandes enemigos del trámite legislativo en el Congreso: el ausentismo y el tiempo. Mayorías endebles son vulnerables a que el ausentismo frene y ralentice las iniciativas del Gobierno. Si el Ministro del Interior no es capaz de mantener disciplinadas y comprometidas con la asistencia y votación a las bancadas que prometieron lealtad, el trámite legislativo podrá depender de los independientes o de la oposición. Así mismo, una oposición fuerte y organizada podrá frenar las iniciativas o moderarlas en una posible negociación por acorralamiento al gobierno.
El tono de la negociación de las mesas directivas antes de iniciar el nuevo congreso parece ser la antesala de una turbulenta relación entre la Casa de Nariño y el Capitolio Nacional. Estará por verse si las mayorías de servilleta aguantarán los colmillos del tigre.
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