Cuando voy a la casa de mi mamá suelo revisar los anaqueles que componen la biblioteca. Quizás es que busco algo del pasado, no lo sé. Reparo en ciertos espacios vacíos o en títulos que llevan allí años sin leerse.
Otras veces me encuentro con viejos ejemplares, los saco, los hojeo y, en ocasiones, me los llevo conmigo en un lento trasegar de letras de la biblioteca de la que fue mi casa a la que tengo en la mía ahora.
Acabo de hacerlo. Ayer no más. Me topé con un librito que yo mismo compré en mis años de estudiante universitario de periodismo: Libro de crónicas, de Luis Tejada.
Consta que lo adquirí en la Librería América, calle 51 # 49-58. Confirmo en Google Maps que sigue allí. Es una resistente.
Revisé el índice. Hay un texto llamado El optimismo en la página 44. Fui hasta él: «El optimismo es una aberración intelectual tan interesante, por lo menos, como el pesimismo, pero evidentemente más falsa, y hasta en cierto modo más perjudicial», dice el primer párrafo de eso que Tejada llamaba crónica. Tiene más de 100 años.
Dice más: «El pesimista como la ciencia, elabora sus teorías sobre la experiencia de los hechos. Su concepto del mundo es sombrío, doloroso y aparentemente absurdo».
Recordé a Ambrose Bierce y su necesario Diccionario del Diablo. «Optimismo: Doctrina o creencia de que todo es hermoso, incluso lo feo; todo es bueno, especialmente lo malo, y todo está bien dentro de lo que está mal».
Permítanme, entonces, ser pesimista, que hay razones para serlo: ya hemos visto los primeros nombramientos del presidente electo.
Asignó, como ministra de Educación, a una mujer antiderechos. Viviane Morales, exsenadora, exfiscal. Logró mayor reconocimiento en su empeño para revertir la decisión de la Corte Constitucional que permite a las parejas del mismo sexo ser madres y padres adoptivos. Logró recoger alrededor de dos millones de firmas, pero su iniciativa se hundió en el Senado. Entre otros la apoyaron la aún senadora María Fernanda Cabal y el entonces senador y ahora magistrado del Consejo Nacional Electoral, Álvaro Hernán Prada.
En el pasado, la designada ministra demostró su intención de anteponer su fe ante la ley, olvidando la laicidad del estado Colombiano. Por allá en 2016 fue una de las más feroces combatientes contra la ideología de género —molino de viento de los reaccionarios— que, según ella, se quería imponer en los colegios por medio de unas cartillas. No hay nada que indique que vaya a actuar de otra manera.
No fue el único nombramiento anunciado. Sabemos ya que el próximo ministro de Hacienda será Miguel Gómez Martínez, cuyo mayor logro es genético: corre por su sangre el ADN de Laureano Gómez. Dice de él La Silla Vacía: «Es reconocido por sus posturas godas. En campaña [al Congreso, en 2010] admitió que no acompañaría una propuesta a favor de la adopción y matrimonio de las parejas homosexuales, la legalización del aborto o la repartición gratis de la píldora del día de después. Apoya la propuesta del director del Partido Conservador José Darío Salazar que busca acabar con la legalización del aborto en los tres casos excepcionales en los que lo permitió la Corte, y cree que muchos congresistas de otros partidos están de acuerdo con él. La diferencia es que él sí lo dice públicamente». ¿Qué evaluará el futuro ministro cuando tenga que decidir si apoyará, con dineros públicos, campañas de educación sexual?
En sus primeras entrevistas, al hablar sobre gasto público y endeudamiento, señaló que un niño en Colombia nacía con una deuda de veinte millones de pesos. Ahí está, el ciudadano visto como cliente.
Sabemos más nombres. El ministro de Justicia será el abogado Iván Cancino. Sobre la Jurisdicción Especial de Paz, que no le gusta al presidente electo, dijo que «solo ha servido para investigar al ejército y fuerza pública. Muy blanditos y permisivos con los terroristas. Pocos y pobres resultados».
¿A quién más nombró ya De la Espriella? El ministerio de Ambiente estará a cargo de Fabio Arjona. Sobraron adjetivos elogiosos cuando se supo del nombramiento, porque nunca falta gente dispuesta al aplauso fácil. Sin embargo, para organizaciones del sector ambiental, según recoge también La Silla Vacía, «el designado es alguien más cercano al empresariado que a las comunidades y con un perfil más político que técnico».
El Comité de Santurbán, un movimiento cívico que defiende el páramo, por ejemplo, advierte sobre el riesgo de dejar que la multinacional minera Aris Mining se meta en la reserva, a lo que parece estar dispuesto el futuro funcionario.
Arjona, cosa curiosa, reconoce que no se debe hablar de fracking sostenible, sino de fracking responsable. En otras palabras: ante la inevitabilidad del daño, que se pueda pagar por ensuciar.
No hay sorpresa. Eso fue lo que prometieron en campaña. Si alguien se siente desconcertado es que no prestó atención a lo que estaba pasando. Y aún faltan nombramientos.
Un pesimista no es más que un optimista mejor informado, dicen que dijo Mario Benedetti —otros dicen que quien lo dijo fue Antonio Gala—. Hay un tufillo de sobradez que no me gusta en esa frase. Sin embargo, hay una serie de coincidencias entre los designados que están ahí para que, quien los quiera ver, los vea. Una seguidilla de puntos que se pueden ir uniendo para encontrar todos los elementos que conforman los gobiernos de la Internacional Reaccionaria.
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