Una campana recorre Medellín, la campana que les recuerda a los y las ciudadanas que, todos los días, casi todo el tiempo, en esta ciudad, están ocurriendo cosas que hacen posible la vida en común. Hay una señora regando un jardín, un señor cediendo el paso al peatón, un niño regalándole sus guayos a un compañero que no tiene cómo comprar otros. Hay un taxista devolviendo una billetera; un ciclista, en medio de un aguacero, señalándoles a los demás que el agua levantó una alcantarilla y que, ¡cuidado!, no se vayan a caer.
Los gestos cotidianos de amor por los demás permiten que podamos vivir bien juntos. La estrategia de cultura ciudadana y construcción de confianza «Medellín es como Vos» le propone a la ciudadanía una conversación a propósito de lo común maravilloso, de esas acciones que no interesan a los medios de comunicación, pero que hacen posible la ciudad. La idea es que, haciendo sonar una campana, podamos celebrar y recordar la bondad humana, el amor comunitario y la solidaridad.
Hay una frase que dice: «El bien hace poco ruido, pero sostiene el mundo». La premisa de la acción «Que se oiga todo lo bonito que pasa en Medellín» es precisamente hacerle toda la bulla posible a esas cosas que pasan en la ciudad, pero que casi no vemos. Porque, en realidad, son ellas las que, tras bambalinas, hacen posible la sociabilidad. Carlos Pereda, el filósofo mexicano, tiene una definición muy bella de la confianza. Dice que la confianza es como el oxígeno: solo la notamos cuando nos hace falta. La mayoría del tiempo no somos conscientes de que ese elemento que nos permite vivir está ahí. Solo en momentos de hiperventilación o de asfixia lo notamos. Lo mismo pasa con la confianza que está detrás de las relaciones sociales: solo nos damos cuenta de ella cuando alguien la defrauda.
Permitámonos llevar la metáfora de Pereda un poco más allá para decir que ese oxígeno que damos por sentado son también todos los gestos y acciones amables que tienen los y las ciudadanas con los demás. Lo que permite que una ciudad respire son esos actos de bondad. Hacerles bulla es necesario para que no nos olvidemos de que están ahí, para que los atesoremos, para que la narrativa del pesimismo, de la sociedad violenta y fallida, no nos empañe por completo las gafas con las que miramos el mundo.
Esto no es, de ninguna manera, una declaración cándida que asume a la humanidad como incapaz de maldad. Tampoco es una especie de profilaxis social que quiere lavar todas nuestras culpas. Lo que quiere es iluminar aquello que ocurre todo el tiempo, pero pasa inadvertido. Agitadores del desastre ya tenemos muchos. Hay pocas personas e instituciones iluminando la bondad social necesaria para la vida en común. En esta ciudad, que ha tenido una historia larga de dolor, hay mucho que señalar en ese sentido. La campana es un recordatorio de la bondad que sostiene el mundo y de que vale la pena luchar por ella.
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