¿Por qué tanto susto?

A veces (solo a veces) he querido ser como esas personas a las que nada las asusta. Esas que caminan sin miedo, sin mirar para atrás y que van por la calle con total seguridad. Quienes manejan con las ventanillas del carro bajadas y no les da miedo parar en un semáforo; o quienes usan el transporte público sin reserva.  Personas a las que no les da susto caminar por una calle oscura. Casi siempre, esas personas que no temen son hombres. Otras veces (la mayoría de las veces) no quiero ser como ellos.

Mis temores pueden pasar desapercibidos. Trabajé un tiempo en la Secretaría de Seguridad de Medellín y desde esa época las angustias aumentaron y también las mil formas de apaciguarlas, porque de lo contrario sería imposible vivir. Y, como muchas mujeres, aprendí a convertir la seguridad inventada en seguridad real.

En esa época conocí lo atroz. Vi una ciudad que para muchos es inimaginable. Me di cuenta de la precariedad y del sinsentido de muchas estrategias institucionales. Y conocí también la belleza. Vi una ciudad llena de solidaridad y bondad. Me di cuenta de que los movimientos sociales, las mujeres, los trabajos comunitarios son los que dan sentido y soporte a la vida diaria, más que cualquier estrategia de la administración.

Ahora, en el presente, muchos de aquellos temores volvieron con más potencia. Me da susto que el nuevo presidente obre como ha dicho que lo hará: su campaña estuvo inundada de mensajes beligerantes y deshumanizadores. Pero, entonces, me consuelo pensando en la fortaleza de las instituciones y en la inmensa cantidad de personas que no votaron por él y ahí recupero algo de sosiego.

Pero el temor más grande no es ese. Lo tengo identificado. Me asustan más algunos de los que votaron por el nuevo presidente. Esos ciudadanos que se están envalentonando con el triunfo.

Qué miedo esos como el concejal que sugirió “bombardear” los pueblos que votaron por Iván Cepeda. También temo a esos como aquel que, en medio de la “celebración” en Calamar, Bolívar, hizo tiros al aire y terminó con la vida de una adolescente de 16 años.

Temo a todos los que salieron a lanzar arengas contra la mitad de los electores. Me asustan los que, desde la falsa protección de sus perfiles en redes sociales, se creen inmunes y se dedicaron a intimidar, señalar y amenazar a la periodista Ana Cristina Restrepo.  

Y asustan porque van solo cuatro días desde las elecciones y ya tenemos pueblos en la mira, una adolescente asesinada y una periodista hostigada por expresar su opinión.

Y no, no quiero tener tanto miedo. Pero tampoco quiero esa falsa sensación de estar por encima del bien y del mal. No me interesa esa seguridad que usan para apabullar. Incluso, dudo de que eso sea realmente autoconfianza. Porque esos actos tan violentos parecen más una proyección de sus propios temores, como si tuvieran que posar de fuertes para no afrontar la vulnerabilidad de la que todos somos víctimas.

Seguiré, entonces, haciendo alquimia con la confianza, de nuevo inventándola y convirtiéndola en real, compartiéndola. Porque la manera más eficaz de exorcizar tanto miedo es seguir mirando a los ojos a los seres amados, decirles que estamos hechos de amor y jurar que caminando juntos el miedo no será, nunca más, la señal.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/ 

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