En defensa del voto en blanco

Existe una estigmatización muy fuerte contra quienes optan por el voto en blanco. A escasos días de salir a las urnas a elegir el presidente de Colombia, nadando contra corriente, votaré en blanco. Y lo hago con plena convicción de que es mil veces mejor que abstenerse de votar. No me referiré a quienes optarán por alguno de los dos candidatos, porque considero que en democracia cada opción es válida, incluyendo eso sí la del voto en blanco.  Yo votaré en blanco porque no me convencen ninguna de las dos alternativas que llegaron a la segunda vuelta. No me gustan los extremos ideológicos, ni los de izquierda ni los de derecha. 

No creo en la visión de la economía y del Estado de la izquierda extrema, no comulgo con la continuidad o profundización del desastre en el sistema de salud, o con la indiferencia y/o complicidad con la corrupción y aunque las ideas de mercado de la extrema derecha están más acordes con mi visión, no voto por ningún movimiento que parta del irrespeto a derechos adquiridos por las minorías, que han costado sacrificios y luchas de décadas, o que en un país que ha sufrido la violencia y el exterminio de contrarios hable de destripar al oponente político. 

La estigmatización al voto en blanco quedó magistralmente retratada en la novela de José Saramago, “Ensayo sobre la lucidez”. En ella, el autor retrata como en una ciudad donde se votó en forma mayoritaria por el voto en blanco, se repitieron las elecciones y el voto en blanco volvió a salir ganador. Saramago nos muestra con virtuosismo literario como las autoridades buscan complots, culpables y cuando no los hallan se los inventan, porque eso del voto en blanco es sospechoso y contrario a lo que se espera del civismo. En otras palabras, o eliges o eliges. El no elegir es como una especie de desprecio a eso que se revela como las únicas alternativas posibles.

En la novela, el primer ministro dirigió un discurso a los ciudadanos luego de que se repitieran las elecciones por segunda vez, donde divide a los votantes en buenos y malos, en culpables e inocentes: “convoco a los habitantes de la capital, todos ellos, a unos para que puedan protegerse mejor de la terrible amenaza que flota sobre sus cabezas, a otros, sean culpables, sean inocentes de intención, para que se corrijan de la maldad a la que se dejaron arrastrar a saber por quién…El gobierno de la nación tiene la certidumbre de interpretar la fraternal voluntad de unión del resto del país, ese que con un sentido cívico merecedor de todos los elogios cumplió con normalidad su deber electoral y, ahora…, recuerda a los electores de la capital desviados del recto camino.. Honrad a la patria, que la patria os contempla”

La reivindicación del voto en blanco, en esencia es casi un grito desesperado para expresar la inconformidad con las alternativas que, para el caso colombiano, quedaron en la última contienda. Y es que desde la primera vuelta ya los argumentos al estilo de si no votamos por este, queda el otro y, viceversa, pese a que había múltiples alternativas y desde mi opinión, mucho mejores que las dos que quedaron finalmente, nos llevaron a un resultado muy por debajo de candidaturas con propuestas más sólidas y con mayor recorrido en la gestión de lo público.  

Este es el resultado de un ambiente político cada vez más polarizado en el que nos quieren meter a todos quienes creemos en la participación democrática y en el ejercicio del voto como primer, más no el único, eslabón. Como lo expresa Brené Brown, socióloga estadounidense, aquello de “o con nosotros o contra nosotros” en realidad es una falsa dicotomía, en la que nos hacen creer que solo hay una opción válida. En este entorno, la única opción verdadera es negarse a aceptar los términos de la discusión, y en este caso de la votación, cuestionando el marco en el que se plantea.  

Así, en esta ocasión, las mayorías en las urnas nos llevaron a esta falsa dicotomía, y es falsa en tanto no aceptemos que hay en esta segunda vuelta una tercera opción válida: si, el voto en blanco.  Aunque no tiene implicaciones legales, si las tiene desde el punto de vista de una expresión ciudadana de inconformidad, de hastío por estos extremos ideológicos donde no cabe la otra mitad del país. 

Mi voto en blanco es mi forma de decir a quien quede, que espero que ejerza el cargo buscando el bienestar de los más de 50 millones de seres que vivimos en esta hermosa tierra, llamada Colombia, que no quiero más discursos y acciones de odio y que ojalá desde el liderazgo que ejerza, trabajemos por un mejor país para todos. 

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/

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