Los políticos que no vemos

En el último podcast de No Apto, el director nos preguntó quién fue el último político que nos entusiasmó. Mencionamos a Carlos Gaviria, a Antanas Mockus, a Luis Carlos Galán, a Humberto de la Calle, a Sergio Fajardo, entre otros. La pregunta dejó en el aire esa nostalgia de «aquellos tiempos» en los que sí había “Políticos”. En esa misma conversación hablamos de las emociones que generan las próximas elecciones: miedo, ira, hartazgo y algo de esperanza, pequeña pero ahí. Y el fin de semana, en varias conversaciones, saltó la frase de siempre: todos los políticos son corruptos.

Tres momentos, un problema: no es que los políticos honestos no existan. Es que casi no los vemos.

Hay una razón para eso y no es conspirativa. Los medios, las redes y la conversación pública funcionan con una lógica que le da preferencia a lo negativo. El escándalo llama la atención; la gestión seria, el debate técnico bien hecho, la ley aprobada después de meses de trabajo en comisión, no. Tendemos, además, a recordar y a pesar más lo malo que lo bueno. Una noticia de corrupción se instala con más fuerza que diez de gestión decente. Y cuando nos preguntan por políticos que nos hayan entusiasmado, el cerebro va directo a los nombres que la historia ya canonizó, porque los contemporáneos no han tenido tiempo ni cobertura para volverse referentes.

El resultado es una percepción sesgada, más hacia el cinismo que, incluso, hacia la izquierda o la derecha.

Y el cinismo tiene consecuencias. «Todos son iguales» parece lúcido, pero es una renuncia. Si todos son iguales, para qué distinguir, para qué votar con criterio, para qué exigir. Es más, para qué asumirse como ciudadano responsable… Es la conclusión más útil para quienes efectivamente están haciendo las cosas mal: nada los protege mejor que una ciudadanía convencida de que el problema es universal.

La columnista Amalia Uribe mencionó a Esteban Jaramillo entre los políticos que la han emocionado. Estoy de acuerdo. Y pienso también en Jennifer Pedraza, que dedicó su cuatrienio a debatir con argumentos; a impulsar leyes contra el matrimonio infantil, la trata de personas y la mutilación genital femenina; a ejercer un control político que muchos veteranos evitaron. En marzo fue elegida senadora con más de 78.000 votos. Y en Daniel Carvalho, urbanista, que llegó con una agenda técnica y cumplió: ley de la música, ley contra el ruido, ley de ciudades verdes, ley de canasta básica cultural.

Los menciono porque existen, porque están trabajando ahora y porque mucha gente no sabría decir qué han hecho. Ese es el problema.

La nostalgia es legítima, pero puede ser también una zancadilla: la de suponer que el presente no tiene nada que ofrecer, pero la verdad es que no lo hemos mirado con cuidado. La esperanza que asomó en el podcast no tiene que ser vaga. Puede ser concreta, con nombres y hojas de vida verificables. Lo que hace falta no es encontrar mejores políticos (algunos ya están ahí), sino aprender a verlos.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/

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