Chao, tibios

Una mujer que promovió la Séptima Papeleta, que hizo parte del movimiento estudiantil, feminista, lesbiana y política tomó posición. Porque declararse de centro es maravilloso, yo también lo soy, pero este momento nos exigió mojarnos un poco.

Claudia López demostró que quiere que su carrera política continúe por unos años más, mientras que Sergio Fajardo comparte un listado de condiciones para unirse a una campaña u otra, como si estuviera eligiendo su pareja ideal y me atrevo a decir que resulta prepotente hacerlo con tan solo un millón de votos detrás. Ambos entendieron algo que muchos sectores del centro siguen sin comprender: para este momento ya hay que tomar posición.

Ser de centro no debe ser crucificado, por supuesto que no. La política necesita matices, necesita diálogo y necesita personas capaces de reconocer que no todas las respuestas están en un extremo. Pero estos personajes que llevan años haciendo análisis, que conocen experiencias internacionales, que estudian gobiernos y modelos políticos de otros países, parecen olvidar todo eso cuando llega la hora de actuar.

Fajardo, hay que salir de TikTok y gracias por no volverte a lanzar, los colombianos ya te demostraron una vez que el silencio se castiga. Porque una cosa es la prudencia y otra muy distinta es la incapacidad de asumir una postura cuando el país atraviesa momentos decisivos. Hay momentos en los que permanecer en la mitad no es una muestra de sensatez sino de comodidad. Hay momentos en los que esperar el escenario perfecto, el candidato perfecto o las condiciones perfectas termina convirtiéndose en una forma elegante de no asumir responsabilidades.

Volviendo a Claudia, admiro su valentía por seguir llamando a las mujeres, por seguir llevando la agenda de mujer y equidad de género. Sobre todo ahora, cuando ser feminista se volvió un título de moda sin importar que se atente contra aquello que decimos defender, siempre y cuando se conserve la etiqueta.

Porque sí, vivimos una época extraña. Una época en la que muchas personas quieren identificarse con causas progresistas mientras respaldan discursos o propuestas que terminan afectando precisamente a las poblaciones que dicen proteger. El feminismo dejó de ser, para algunos sectores, una lucha política y se convirtió en una marca personal.

¿Dónde estaban los feminismos?

Tuve ese debate hace unos días porque alguien mencionó que las mujeres no apoyamos a Paloma porque no era “nuestra” mujer. Y no, no lo era.

No porque fuera mujer había que respaldarla automáticamente. No porque compartiera nuestro género significaba que representara nuestras luchas. Ella era la mujer con la que el machismo se siente cómodo. Una mujer que cumple, que no incomoda, que no cuestiona las estructuras y que, precisamente por no incomodar, difícilmente respondería a muchas de las exigencias históricas de las mujeres.

El feminismo nunca se trató de apoyar mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Se trata de respaldar ideas, agendas y transformaciones que amplíen derechos y libertades. Confundir una cosa con la otra es reducir décadas de lucha política a una cuestión de representación simbólica.

Y aquí es donde quiero volver al centro.

Señores de centro, este no es momento de voto en blanco. No es momento de quedarse observando desde la barrera mientras otros toman decisiones. No es momento de que los jóvenes se vayan por caminos conservadores disfrazados de tendencia. Mujeres, tampoco es momento de romantizar discursos sobre ser “mujeres de alto valor” y encontrar un hombre proveedor al lado, después de todo lo que costó separarnos de la idea de que nuestro destino estaba únicamente en el hogar.

Todo lo que hoy parece normal fue conquistado. Costó movilizaciones, debates, organización y décadas de trabajo colectivo. Por eso preocupa tanto ver cómo algunas ideas regresan envueltas en nuevos discursos, presentadas como si fueran innovación cuando en realidad son retrocesos.

Es hora de tomar posición porque todo está en juego y cuando todo está en juego, la tibieza deja de ser una virtud.

Chao, tibios.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/tania-torres/

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