Pueda ser que el que llegue a la Presidencia entienda que Colombia es una sola. Que gobernar no es premiar únicamente a quienes lo votaron, sino buscar consensos con todos. Que los miedos de quienes no lo apoyan son reales y merecen ser escuchados, no minimizados. Solo así podrá construir confianza y darle tranquilidad a un país cansado y dividido.
Pueda ser que reconozca que Colombia sigue siendo un país profundamente desigual. Que cerca del 28 % de la población vive en pobreza, que más de la mitad de los trabajadores se desempeñan en la informalidad y que millones de personas siguen enfrentando condiciones que no deberían ser ignoradas.
Pueda ser que tenga presente que nuestra historia ha estado marcada por la violencia. Que durante décadas muchos territorios han vivido bajo la amenaza de los grupos armados, los cultivos ilícitos y las economías ilegales. Por eso necesitamos una autoridad legítima, capaz de hacer cumplir la ley y garantizar la seguridad de todos los colombianos. Una autoridad que fortalezca a nuestras Fuerzas Armadas y les dé el respaldo y las garantías necesarias para enfrentar a quienes sí representan una amenaza para la nación: los grupos armados y el narcotráfico.
Pueda ser que recuerde que las palabras importan. Que un presidente no solo gobierna con decisiones y resultados, sino también con el ejemplo. Que alimentar el resentimiento y la polarización puede servir para ganar elecciones, pero nunca ha servido para construir un país. Colombia necesita más propuestas y menos insultos, más resultados y menos enemigos.
Pueda ser que reconozca los derechos y libertades que hoy hacen parte de nuestra democracia. Que entienda que Colombia es un país laico, con libertad de culto, y que defender la familia y los valores nunca puede convertirse en una excusa para el machismo, la violencia, la discriminación o el rechazo hacia quienes viven y piensan diferente.
Pueda ser que valore a las empresas como una parte fundamental del progreso del país. Son ellas las que generan la mayoría de los empleos, invierten, innovan y crean oportunidades para millones de colombianos. Promover un ambiente favorable para producir, emprender y crecer no es un favor a unos pocos, sino una condición necesaria para construir prosperidad y sostener las políticas sociales que tanto necesitamos.
Pueda ser que entienda que, más allá de las ideologías y las diferencias, la gran mayoría de los colombianos queremos esencialmente lo mismo: vivir en seguridad, tener empleo, acceder a una salud digna, contar con oportunidades y ofrecerles un mejor futuro a nuestras familias. Y que, sin importar por quién votemos, todos estamos cansados de la corrupción, las trampas y la impunidad.
Pueda ser que respete la libertad de expresión. Que entienda que las voces incómodas, las preguntas difíciles y las críticas hacen parte de la democracia, y que ningún colombiano tenga que guardar silencio por miedo a ser señalado, descalificado o tratado como enemigo por pensar distinto.
Pueda ser que entienda que la naturaleza y la diversidad son parte de la riqueza de Colombia. Que cuidar nuestros ríos, nuestros bosques y nuestros páramos sea una responsabilidad con las generaciones que vienen. Y que aprenda a valorar la extraordinaria diversidad de regiones, culturas y formas de ver la vida que conviven en este país. Porque no necesitamos parecernos para respetarnos.
Pueda ser que valore la democracia, respete la Constitución y no vea en las instituciones un obstáculo, sino una garantía. Que entienda que los contrapesos, la separación de poderes y las reglas existen para proteger a los ciudadanos y no para servir a un gobierno de turno. Que comprenda que cuidar las instituciones también es una forma de cuidar el país.
Al final, gane quien gane, el verdadero reto comienza el lunes. Ojalá prime el criterio sobre el triunfo, el respeto sobre el rencor y la construcción de un país plural sobre cualquier tentación de revancha.
Tenemos demasiados problemas reales como para seguir perdiendo el tiempo en trincheras. Porque, cuando se cierren las urnas, seguiremos siendo el mismo país y compartiendo el mismo destino.
Colombia merece más.
Y nosotros también.
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