Estos días me he estado golpeando la cabeza pensando en qué hizo que Abelardo tomara la ventaja en esta contienda electoral; pero después de mucho pensar, concluí que ahora lo más pertinente es considerar lo que podría dejar un gobierno suyo en los próximos años. Lo más preocupante: los hijos que salgan pintados de tigre.
Sin duda, gran parte de los electores de Abelardo en primera vuelta no votaron adhiriéndose a su figura, sino porque lo ven como la opción más segura para sacar al Petrismo del poder y la mejor manera de castigar a su gobierno. El problema es que cada voto le da fuerza a las ideas, las formas de actuar y concebir el mundo y la estéticas con las que se presenta la propuesta votada. El voto las legitima, el poder, luego, las impone. Esa es la dimensión que más me preocupa de su figura y de un posible gobierno suyo.
La idea de “destripar” al enemigo no sólo es macabra, es inmensamente irresponsable. Puede que su gobierno no termine ejecutando lo que podría quedarse en una torcida retórica de campaña, pero sí le da juego a quienes se sientan respaldados por ella y por el gobierno que la representa. Este experimento social no es nuevo en Colombia.
Las posiciones violentas y extremas contra las poblaciones diversas y minoritarias son el fuego necesario para alentar la homofobia, la transfobia, la xenofobia y la aporofobia que aún están solapadas en la sociedad colombiana, y aunque silenciosas, limita la movilidad social, destruye trayectorias de vida y, en el peor de los casos, las cobra.
La estética chovinista, autoritaria y violenta con la que se aproxima a su electorado está respaldando, implícitamente, expresiones como el Movimiento del Bate liderar por un neofascista paisa con curul en el Concejo de Medellín. ¿Cuál será el futuro de su movimiento con un gobierno que representa sus formas de “diálogo”.
Me asusta que después del 21 de junio los machitos que se comunican a gritos, los personajes homofóbicos, aporofóbicos y xenófobos que andan en camionetas blancas con la camiseta de la Selección Colombia puesta se sientan libres y autorizados de violentar a la diferencia y de seguir reproduciendo valores chovinistas, homogenizadores y exterminadores de la diferencia.
Mi intención no es caricaturizar a millones de Colombianos que votarán por Abelardo de la Espriella dado el contexto, en muchos casos los entiendo. Tampoco pretendo cambiarles el voto. Sólo les pido que, de ganar este personaje, asuman esa decisión de manera contextual o no filiatoria. No toleren esos valores con los que su grupo de fanáticos construyó su campaña y exijanle a su gobierno lo que se le exigió al Gobierno de Gustavo Petro: respeto por los derechos adquiridos, respeto por las instituciones, altura en las formas y responsabilidad política por su legado cultural en nuestra nación. No dejen que más tigresitos salgan pintados.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mateo-grisales-2/