La candidata promesa de la derecha, con más de tres millones de votos sumados a los de su fórmula vicepresidencial, fue una de las principales perdedoras de estas elecciones. Aunque desde hace más de un mes era evidente que su verdadero rival no era Cepeda sino Abelardo, y aunque ella misma parecía haber entendido eso una semana antes de los resultados, hoy resulta profundamente incoherente que apenas unas horas después de conocer su derrota se haya sumado a la campaña de quien hasta hace poco señalaba como una amenaza para las mujeres.
Me pregunto ahora dónde está su agenda de mujer. Dónde quedó ese feminismo del que quería apropiarse políticamente. Dónde quedó esa idea de que las mujeres tenemos un lugar en la política y que ese lugar debe construirse sobre principios y no sobre conveniencias.
Porque fue la misma Paloma quien dijo que las mujeres no la estaban pasando bien junto a la campaña de Abelardo. Fue ella quien denunció el maltrato a periodistas. Fue ella quien señaló comportamientos que calificó como inaceptables y que muchas mujeres identificaron como una forma de violencia política. Fue ella quien habló de situaciones que rayaban con el acoso sexual.
No lo dijo una columnista. No lo dijo una activista. No lo dijo una feminista de izquierda. Lo dijo Paloma.
Por eso hoy resulta tan difícil entender cómo aquello que era motivo de denuncia hace apenas unas semanas deja de ser importante cuando llega el momento de escoger bando.
Si la Colombia de las mujeres fuertes está presente y viva, ¿por qué contradecirse de una manera tan evidente para apoyar una campaña que ella misma señaló de humillar a las mujeres?
Si la agenda de género era un principio, ¿por qué desaparece cuando cambia la conveniencia electoral?
Esa es la pregunta que realmente queda después de esta elección. Porque una derrota electoral puede explicarse. Lo que cuesta explicar es una renuncia tan rápida a las convicciones que se defendieron durante meses.
Y aquí también vale la pena decir algo incómodo. Durante toda la campaña Paloma intentó construir una identidad distinta dentro de la derecha. Intentó mostrar que era posible ser una mujer fuerte en un sector político históricamente dominado por hombres. Intentó diferenciarse de una tradición conservadora que durante décadas ha tenido enormes dificultades para entender las luchas de las mujeres más allá del discurso.
Por momentos parecía estar cuestionando precisamente ese machismo que tantas veces ha existido dentro de sectores cercanos al uribismo y al conservatismo tradicional. Parecía decir que había llegado una nueva generación dispuesta a disputar esos espacios.
Pero hoy surge otra duda. ¿Era una convicción o simplemente una estrategia electoral? Porque si realmente creía en todo aquello que decía defender, resulta difícil entender cómo termina respaldando aquello que criticó. Y si no lo creía, entonces habría que preguntarse si toda esa agenda fue simplemente un discurso útil mientras servía para construir una candidatura.
Incluso cabe preguntarse si esta decisión no es también una forma de responder a esas mismas estructuras que durante años han dominado la derecha colombiana. Como si el mensaje fuera que una mujer puede aspirar al poder, pero solamente hasta el punto en que no incomode demasiado a quienes históricamente han controlado el tablero.
Y eso sería todavía más preocupante. Porque significaría que la primera mujer que logró construir una candidatura competitiva desde la derecha terminó renunciando precisamente a aquello que la hacía diferente. Al final pareciera que si la Presidencia no era para ella, entonces la agenda de mujer tampoco era tan importante.
Ahora sí quiero leer a todas esas feministas que defendieron a Paloma en este aspecto. Quiero saber si se sienten cómodas con esta decisión. Quiero saber cuántas están dispuestas a acompañarla en este giro. Quiero saber cuántas mujeres que la apoyaron porque veían en ella una voz distinta están dispuestas también a dejar sus convicciones de lado.
Porque los principios no se ponen a prueba cuando se gana. Los principios se ponen a prueba cuando se pierde.
Y en apenas unas horas después de conocer los resultados, la agenda de mujer desapareció de la conversación.
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