Pasado mañana

Para escuchar leyendo: Amorcitos en domingo, Jorge Velosa.

Era la fe, precisamente la fe, la que me movía a escribir hace un par de meses una columna invitando a no caer en los miedos ni las narrativas de ansiedades y fantasmas que nos querían convencer de la catástrofe inminente y del único camino salvador.

En aquel llamado finalizaba mi entradilla semanal con una frase que quise hacer pública como promesa: votar en mayo desde la fe y no desde el miedo. Ahora, dos días antes de hacerlo, puedo decir que felizmente así será.

Pero debo confesar, en la intimidad oportuna entre columnista y lector, que no es una fe exacta a aquella que yo imaginaba que albergaría a estas alturas del año; pero es una significativa. Permítanme explicarme.

Es la misma fe en un país que supere de una vez y para siempre la política como espectáculo, las campañas electorales basadas en la posverdad, la «ampliación» descarada de las líneas éticas y la «quemada» de líderes contrarios como herramienta electoral. Es la misma fe en la defensa de las instituciones, de nuestro Estado Social de Derecho, de la autonomía de nuestro Banco de la República, de la separación y el respeto entre nuestras ramas del Poder Público. Sobre todo, la defensa de nuestra mayor, mejor y quizás única obra como Nación: la Constitución de 1991.

Es la fe, aún, de ver en todos los niveles de la administración pública a personas preparadas, técnicas, desprovistas de intereses particulares y con la convicción inequívoca del servicio a los ciudadanos, para que cada colombiano viva mejor.

Sin embargo, y dadas las evidentes situaciones y desarrollos que tuvo esta contienda electoral —embarrada hasta más no poder—, aquella fe que tenía se diferencia de la de hoy, porque esta la encarnan dos personas con las que tengo profundas diferencias, con las que nos separan muchas concepciones de la vida, de la sociedad, del país, pero que el profundo sentido de responsabilidad con Colombia y con el tiempo que vivimos nos permite encontrarnos en lo fundamental, precisamente como dice nuestra Carta Magna, para buscar unidad en la diferencia. No renunciamos a principios, actuamos con ellos para ser responsables ante la historia y ante nosotros mismos.

Entonces, pasado mañana iré a votar con mucha ilusión, con dolores (les confieso), con una que otra tusa, pero también con una fe renovada, con una esperanza bonita:

Iré a votar con la fe de que, al lunes siguiente, cada niña colombiana tenga la certeza de que puede ser presidenta de su país.

¡Ánimo!

Posdata: El voto de pasado mañana, también será por vos y por lo que me enseñaste. Será un voto homenaje a mi amigo Pablo Loaiza.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/

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