Salga a votar, pero no vote por el que quiera 

Esta semana, en vísperas de las elecciones presidenciales, he escuchado mucho la expresión: “salga a votar, vote por el que quiera, pero salga a votar”. Y he de confesar que, aunque creo profundamente que el abstencionismo es una expresión política que reconozco como absolutamente válida —e incluso la he practicado en algunos momentos de mi vida—, también creo que, si ya se está en la disposición de salir a votar, es indispensable responder antes algunos interrogantes.

Hoy Colombia enfrenta la posibilidad de profundizar un proyecto político que muchos perciben como sustentado en políticas populistas y acompañado de preocupantes tendencias de concentración del poder. Por eso, antes de depositar su voto, hágase algunas preguntas.

¿Hace cuántos años no escuchaba usted con tanta frecuencia noticias sobre tomas guerrilleras, ataques a la fuerza pública o restricciones de movilidad en regiones enteras del país? ¿Hace cuánto no sentía que la seguridad, que durante años dejó de ocupar el centro de las conversaciones cotidianas, volvía a convertirse en una preocupación recurrente para millones de colombianos?

Pregúntese también por la economía. ¿Su capacidad adquisitiva hoy es mejor que hace cuatro años? ¿Le resulta más fácil emprender, invertir, generar empleo o simplemente llegar a fin de mes? ¿Siente que el país avanza hacia la generación de riqueza o hacia la distribución de una riqueza cada vez más escasa?

Y, quizá más importante aún, pregúntese por las instituciones. ¿Le parece normal que desde el poder se cuestione constantemente a los organismos de control, a los jueces, a la prensa o a cualquier institución que ejerza un contrapeso? ¿Cree que una democracia sana puede funcionar cuando quien gobierna considera enemigo a todo aquel que discrepa?

Porque votar no consiste únicamente en escoger una persona; también implica decidir si el país debe darle continuidad a un proyecto político que, para muchos colombianos, ha incumplido de manera sistemática sus compromisos de campaña y ha terminado afectando precisamente a quienes decía defender. La decisión no es menor: se trata de escoger entre perseverar en un rumbo cuyos resultados están a la vista o abrir la puerta a una alternativa distinta para el futuro.

Por eso, si va a salir a votar, no lo haga por simpatías pasajeras, por consignas repetidas hasta el cansancio o por la presión de las redes sociales. Vote después de hacerse preguntas incómodas. Vote después de evaluar resultados. Vote pensando no solo en el próximo año, sino en la próxima década.

Piense, ante todo, en el país en el que quiere vivir y formar una familia. Pregúntese si vale la pena permitir que la sombra autoritaria que ya ha oscurecido a varios de nuestros vecinos termine asentándose también sobre Colombia. Porque las democracias no suelen desaparecer de un día para otro; se erosionan lentamente, cuando los ciudadanos dejan de exigir resultados, instituciones fuertes y respeto por las libertades. Y solo después de responder esas preguntas, salga y vote.

Otras columnas de este autor: https://noapto.co/nicolas-calle/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar