Pertenecer a algo siempre nos genera satisfacción, incluso cuando ese algo es impopular, una suerte de antisocial, social club. Por ejemplo, pertenezco a un grupo Scout, a una asociación de periodistas y a una red de maestros; inclusive aparezco en una red de ambientalistas alemanes que me encuestaron un día y al otro terminé aceptando. Danke.
Este medio, del cual hago parte como columnista, me interesó por su forma disruptiva de contar los sucesos nacionales, principalmente políticos, pero también sociales; asuntos que no dejan de sorprendernos ni de golpearnos. En No Apto siempre he encontrado una intención valiosa: incomodar. No hablar desde la comodidad de un bando ni desde la tranquilidad de las certezas políticas.
No obstante, hace unos días, en su editorial: “Paloma, para que el país no se rompa”, el medio decidió apoyar de manera explícita a la candidata presidencial del Centro Democrático. Y ahí apareció una contradicción difícil de ignorar. Porque una cosa es que un columnista tome posición —para eso existen las columnas y sus sesgos naturales— y otra muy distinta es que un medio convierta una preferencia electoral en línea editorial.
El asunto no representaría mayor problema si se tratara únicamente de una opinión individual. Pero no fue así. El editorial afirma: “desde estas páginas apoyamos la candidatura de @PalomaValenciaL para la primera vuelta de este 31 de mayo”. Desde ese momento, el portal dejó de sugerir una postura para asumirla.
Encuentro sentido en varios de los argumentos que expone el editorial; sería absurdo negarlo. El país atraviesa un momento de agotamiento político donde muchos terminan votando más por miedo que por convicción. Sin embargo, más allá de mi desacuerdo, lo que realmente desconcierta es la distancia entre el manifiesto del medio y esta decisión editorial.
Porque si “en No Apto hablamos de lo que muchos no quieren escuchar”, entonces el desafío también debería consistir en resistir la tentación de tomar partido dentro del tablero electoral colombiano. De lo contrario, se corre el riesgo de dejar de incomodar para terminar hablando desde la misma lógica de los sectores que históricamente se han cuestionado.
Y eso importa, porque este editorial no puede convertirse en la voz de quienes escribimos en el portal ni resumir un ejercicio que ha consistido en confrontar, desde distintos estilos y posiciones, la política y la convulsionada vida social del país. Por fortuna, No Apto sigue siendo un espacio donde el desacuerdo y la crítica todavía tienen lugar.
Quisiera volver al argumento con el que empecé este texto: si todos necesitamos pertenecer a algún lugar, el periodismo independiente debería pertenecer a sus lectores, a la vigilancia del poder y a la incomodidad permanente. Por eso resulta inquietante que este medio haya elegido una orilla, incluso cuando se argumente que esa decisión responde a la mejor posibilidad de corregir el rumbo en salud, finanzas públicas y orden público del país.
Confío en que, en defensa de la libertad de opinión que promueve este espacio, estemos tan dispuestos a cuestionar a la candidata respaldada por el editorial como al periodismo cuando sustituye la crítica por la intención de persuadir. Esta vez, No Apto terminó siendo perfectamente apto para los intereses de un sector político.
Bienvenidos al antisocial, social club.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-carlos-ramirez/