Paloma tampoco: un contraeditorial

Iba a escribir de otra cosa. Vivir sin darme cuenta, como dice Mafalda. Del tipo que, en Pinos Puente (Granada, España), se puso a hacer el pino y se cayó por un puente (es real, ocurrió) y le permitió a uno que otro periodista hacerse el gracioso al titular.

Pero pasó que este medio de opinión del cual hago parte y donde coexistimos diferentes personas con diferentes puntos de vista e ideas, decidió publicar un editorial apoyando a la candidata Paloma Valencia. Ocurrió el viernes 22 de mayo. Lo titularon Paloma, para que el país no se rompa. Y yo disiento profundamente de ese editorial, así que el divertimento quedará para después.

Empiezo por el principio. El primer párrafo del editorial habla del manifiesto de No Apto, lo parafrasea: «…ser un medio de opinión dispuesto a cuestionar el poder político, el poder económico y los dogmas más arraigados de la sociedad colombiana». Que me disculpen mis colegas, pero no hay nada más en contravía de ese disposición al cuestionamiento que apoyar a quien ha sido parte del poder político, defensora del poder económico y perpetuadora de los dogmas más arraigados de la sociedad colombiana como lo es la candidata a la presidencia por el Centro Democrático, Paloma Valencia.

Entiendo a quienes ven en ella una opción que les agrada: es el retorno al status quo, a las formas que han estado siempre en el gobierno (o casi siempre, habría que precisar) y que nunca han abandonado el poder. Es la vuelta del malo conocido del que habla el refrán. Se les presenta como la recuperación de un pasado bello, como suelen ser los recuerdos que maquillamos en la memoria.

Agrega el editorial: «…creemos que las candidaturas con opciones reales plantean una disyuntiva profunda: la continuidad de un gobierno que ha puesto en riesgo las instituciones democráticas, o la llegada de un proyecto que representa una estética mafiosa y una forma violenta y reduccionista de entender la política y el Estado», pasando por alto que el director emérito del partido de la candidata, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, es el único presidente de este siglo y de buena parte del anterior, que torció la constitución a su favor, alterando los pesos y contrapesos del poder, poniendo en riesgo esas instituciones democráticas que tanto dicen preocuparles.

O como si las maneras del gobierno de Uribe (la persecución de sus contradictores, las políticas de seguridad que hicieron posibles las ejecuciones extrajudiciales, la estigmatización de los otros, los recientes agradecimientos públicos al energúmeno del bate) no fueran una forma violenta tan similar a la de Abelardo de la Espriella y su llamado a destripar a la izquierda.

Entiendo la buena fe de quienes escribieron y de quienes aplaudieron el texto en cuestión. Sé que es cierto cuando dicen que confían en que Paloma representa, para ellos, «una posibilidad de corregir el rumbo en salud, finanzas públicas y orden público».

Lo que yo temo es que esa corrección será como cuando a los niños zurdos les amarraban la mano a la espalda para que usaran solo la derecha. En otras palabras: más de lo mismo que siempre ha servido muy bien a unos pocos, malservido a un montón y excluido a las mayorías.

El uribismo ha sido un gestor de la ruptura de este país. Y temo que lo será en el futuro, no importa que sea en cabeza de Paloma Valencia o en alianza con Abelardo de la Espriella, si es que este efectivamente pasa a segunda vuelta, como parecen indicarlo las encuestas.

No se me olvida que fue el propio Uribe, con Paloma a su lado y otros más, quien aprovechó las dudas que generaba del proceso de paz con las Farc en este país violento y desconfiado para, con las mentiras como herramienta, cavar una zanja que aún nos divide, el foso desde el cual su partido —donde milita la candidata Paloma Valencia, cuyos principios defiende— levantó los cimientos de su política, que no es otra cosa que la defensa de lo que consideran el legado del expresidente Álvaro Uribe. Y hay mucha sangre y violencia en esa herencia para dejarlas pasar de largo.

Se equivoca el editorial, además, al señalar que Valencia y De la Espriella son diferentes o representan dos espectros políticos antagónicos cuando son los lados de una misma moneda que está girando en el aire mientras se dicen: con sello ganamos nosotros, con cara pierden ellos.

Recogiendo el titular del editorial, dudo que Valencia pueda evitar romper lo que ella y su partido ya habían decidido ajar desde hace años.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

5/5 - (1 voto)

Compartir

Te podría interesar