¿Le tienen miedo a debatir con Westcol?

Durante meses hemos visto a Abelardo de la Espriella y, especialmente, a Iván Cepeda decirle que no a los debates con múltiples maromas, sin que eso les represente un costo electoral evidente. Sin embargo, ahora aparece una invitación inesperada. No viene de los medios de comunicación tradicionales ni del ecosistema político de siempre, sino de un streamer: Westcol, quien ha insinuado la posibilidad de hacer un debate con los candidatos más opcionados. Y ahí es donde aceptar o no aceptar puede tener consecuencias inesperadas, incontrolables y propias de esta nueva forma de comunicar la política.

El poder de los medios de comunicación es algo que nadie cuestiona. Sin embargo, ahora la pregunta es otra: ¿quién tiene realmente el poder de comunicar? ¿En cabeza de quién reposa hoy ese llamado cuarto poder? Por más que Caracol, RCN, RTVC y los demás medios tradicionales intenten marcar la conversación, es evidente que no lo hacen al nivel de Westcol. Este streamer colombiano ya logró lo impensado: sentarse a hablar con Petro y, posteriormente, con Uribe. No solo captó miles de usuarios en vivo, sino que también dominó la conversación digital después de cada entrevista. El poder ya no está solo en quien prende las cámaras, sino en quien logra que, una vez se apaguen, la gente siga hablando de lo que ocurrió frente a ellas.

Es por eso que la invitación de Westcol pone a calcular a candidatos que hasta ahora se habían sentido cómodos diciendo que no a los debates. Paloma Valencia, necesitada de mover el tablero frente a la ventaja que parece estar tomando Abelardo, puede ser la más interesada en buscar cualquier escenario que le permita robar puntos, cambiar las encuestas y mover la tendencia. Por eso dijo que sí, sin pensarlo dos veces. Mientras tanto, Abelardo, cómodo en su tendencia y buscando distanciarse de Paloma, ha ignorado esta invitación. Lo mismo ha hecho Cepeda, quien parece estar administrando sus apariciones con la mirada puesta en una eventual segunda vuelta. Al final, a quien le conviene debatir es a quien, según las encuestas, viene persiguiendo, no a quien se consolida en la punta. ¿Pero al país qué le conviene?

Si van los tres —Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda y Paloma Valencia—, estaríamos ante un debate difícil de controlar, lejos de los formatos tradicionales y con la capacidad de dominar la conversación pública. Si van solo dos, el ausente quedaría expuesto ante una audiencia que tal vez no consume debates en televisión, pero sí clips, transmisiones y discusiones en redes. Y si termina yendo solo una candidatura, ese espacio dejaría de ser debate para convertirse en una vitrina política con enorme capacidad de amplificación. En cualquier caso, la democracia se vería beneficiada: el país podría ver quiénes están dispuestos a dar la cara y quiénes prefieren seguir administrando su silencio.

En cualquiera de los escenarios, Westcol ya ganó algo: obligó a las campañas a calcular frente a un actor que antes ni siquiera se pensaba posible. Y reafirmó algo que cada día se hace más evidente: la política cambió y seguirá cambiando. La estrategia ya no solo se cocina en los estudios de televisión, en la plaza pública o en la radio; también se hace en los podcasts, en los streams, en los clips de TikTok, en los chats de WhatsApp y en múltiples audiencias que no le piden permiso a nadie para opinar.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/

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