Poco éxito comercial tuvo el barranquillero Alex Saab (@AlexNSaab) en Colombia luego de que la textilera de sus padres quebrara. Había caído en desgracia. Pero fue la senadora Piedad Córdoba (@piedadcordoba) quien, por 2010, lo llevó a Caracas y le sirvió de enlace con el chavismo. De a poco, ese empresario colombiano, capaz de desenvolverse en cualquier tipo de negocio, comenzó a encumbrarse en lo más alto del régimen bolivariano. Llega un punto en el que toda empresa criminal exitosa se ve envuelta en una encrucijada: produce más dinero del que puede gastar sin levantar sospechas y ahí es cuando se vuelve necesario empezar a lavarlo y colocarlo en diferentes cuentas o inversiones para perderle el rastro. Ese era Alex Saab: el que hacía posible que los jerarcas del chavismo ocultaran sus millones en cuentas en el exterior, de las que él y otros, como su socio Álvaro Pulido, eran los testaferros.
Saab llegó al centro del poder venezolano por la vía de los contratos públicos, especialmente con Fondo Global de Construcción, empresa vinculada a proyectos de vivienda social. Según Armando.info (@ArmandoInfo), el convenio entre el gobierno venezolano y Fondo Global de Construcción se firmó en 2011, y el contrato posterior contemplaba miles de viviendas, pero muchas obras quedaron inconclusas. El portal documentó que el Estado venezolano terminó pactando pagos muy altos por vivienda y que Fondo Global apenas completó una parte mínima de las casas contratadas.
La acusación de Estados Unidos sostiene que, entre 2011 y 2015, Saab y Álvaro Pulido habrían usado contratos de viviendas para personas de bajos recursos con el fin de aprovechar el sistema cambiario controlado por el Estado venezolano, presentando documentos falsos de importación y pagando sobornos a funcionarios para aprobar operaciones. Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos (@TheJusticeDept), el esquema habría movido cerca de 350 millones de dólares desde Venezuela, pasando por Estados Unidos, hacia cuentas extranjeras bajo control de Saab, Pulido o sus redes.
El segundo gran eje fue CLAP, el programa estatal de cajas de alimentos. El periodista venezolano en el exilio Roberto Deniz (@robertodeniz) reportó desde 2017 que Saab reaparecía mediante una sociedad registrada en Hong Kong para venderle alimentos a Venezuela por más de 200 millones de dólares, con productos pagados con dólares preferenciales y facturados con sobreprecio para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos (@USTreasury) afirmó después que Saab obtuvo contratos CLAP sin licitación y sobrevalorados, mediante una red global de empresas de fachada, y que hijastros de Maduro (@NicolasMaduro) habrían recibido sobornos o comisiones para facilitar esos contratos.
Saab fue detenido el 12 de junio de 2020 en Cabo Verde, cuando su avión hizo escala para abastecerse de combustible. Para Estados Unidos, no era un simple empresario, sino un operador financiero de Maduro acusado de lavado de dinero. El Departamento de Justicia informó que Cabo Verde aprobó su extradición después de una larga batalla judicial y que Saab llegó a Estados Unidos el 16 de octubre de 2021 para comparecer ante una corte federal en Miami.
En diciembre de 2023, Saab volvió a Venezuela tras un canje de prisioneros: Estados Unidos lo liberó en medio de negociaciones con el régimen en Barbados, a cambio de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela y otros compromisos del acuerdo. Luego, Maduro lo reincorporó al aparato estatal. Saab fue nombrado en octubre de 2024 como ministro de Industria y Producción Nacional, casi un año después de su liberación.
En febrero de este año, y luego de la entrega de Nicolás Maduro a Estados Unidos por parte de la facción del régimen controlada por Delcy Rodríguez (@delcyrodriguezv) y Jorge Rodríguez (@jorgerpsuv), Saab fue destituido de su cargo, capturado y enviado nuevamente a Estados Unidos el pasado sábado, donde con seguridad enfrentará a un tribunal que tiene un amplio acervo probatorio en su contra. Pero, más allá de eso, este episodio no es ajeno a nuestra realidad nacional, menos aún al contexto electoral, toda vez que uno de los candidatos más opcionados a llegar a la Casa de Nariño, Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA), se ve salpicado.
La relación entre Abelardo de la Espriella y Alex Saab resulta problemática no solo porque Saab terminó convertido en uno de los nombres más asociados a las redes de corrupción, lavado de activos y negocios opacos del régimen de Nicolás Maduro, sino porque el abogado que hoy busca votos con un discurso ferozmente antichavista fue, durante años, uno de sus defensores más visibles en Colombia. De la Espriella intenta reducir ese vínculo a una simple relación abogado-cliente, amparada en el derecho a la defensa; sin embargo, el problema ético no está en haber defendido a un procesado, sino en la intensidad, oportunidad y contexto de esa defensa: Saab no era un cliente cualquiera, sino un contratista clave del chavismo, señalado por mover fortunas a través de contratos públicos, alimentos subsidiados y empresas internacionales. Y, en el caso de De la Espriella, además, siempre queda flotando una pregunta incómoda: no se sabe con total claridad de dónde proviene la riqueza que exhibe con tanto orgullo, pero sus nexos profesionales con clientes como Saab, paramilitares y otros personajes oscuros de la vida nacional no ayudan precisamente a disipar el mal olor.
Por eso, cuando De la Espriella procura borrar o minimizar esa cercanía para ganarse el favor de votantes de derecha, aparece una contradicción difícil de explicar: el candidato que se presenta como enemigo moral del socialismo del siglo XXI tuvo como cliente a uno de los empresarios que, según investigaciones periodísticas y judiciales, ayudó a aceitar la maquinaria económica del madurismo. Más que un simple episodio profesional del pasado, el caso Saab revela una frontera ética incómoda entre el ejercicio del derecho, la defensa mediática de personajes cuestionados y la conveniencia política de olvidar ciertos clientes cuando se aspira al poder. La ironía es que Saab, recién extraditado, vuelve a necesitar abogado.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-machado/