Una noria llamada Colombia

Tiene la mirada fija en su interlocutor y ha convertido el índice de la mano derecha en una especie de percutor con el que aporrea contra la mesa para hacer énfasis en lo que dice.

«Colombia no es violenta porque sea pobre, Colombia es pobre porque ha sido violenta».

La que habla es la candidata Paloma Valencia. Y lo que dijo, con la seriedad del caso y convencida como debe de estarlo de ello, se lo dijo al podcaster Andrés Acevedo durante esa conversación amable y cómoda —que no se puede llamar entrevista— que tuvo con él en Atemporal.

Esas catorce palabras lo encierran todo: una idea de país, una serie de prioridades, una manera de ver el mundo… un retorno al pasado que tanto nos ha costado.

Lo que dice Paloma Valencia es, en otras palabras, que nuestra pobreza y desigualdad nada tiene que ver en el origen de nuestra violencia, que no fue el terrible olvido del Estado lo que conllevó la instauración del más fuerte, primero donde nunca mandó nadie, luego en todos lados.

Confunde Paloma Valencia la cabeza y la cola de este uróboro, de esta noria llamada Colombia. Piensa, pero comprendo por qué lo hace, que la consecuencia es la causa. Y digo que lo comprendo porque es el mismo diagnóstico de su partido y de los que se le asemejan en la causa: atacan el síntoma —llevan décadas haciéndolo— mientras subvaloran la enfermedad.

Dirán algunos que pobreza hay en toda la región y que allí no es como aquí, donde han sobrado armas, munición y gente para integrar ejércitos. Diré yo que cada caldo de cultivo adobado con pobreza bulle diferente.

Opinan algunos de estas elecciones lo que dijeron otros tantos de elecciones pasadas: que son las más importantes de la historia nacional. Andan algunos más diciendo que es la batalla entre demócratas y violentos. Los demócratas son los que piensan como ellos, por supuesto. Otros argumentan que lo que está en juego es la libertad de los colombianos y que ahora sí, esta vez es cierto, viene la dictadura. Puros regaladores de miedo, de esos que nunca han faltado en Colombia.

Entonces su propuesta —si se le puede llamar de ese modo— es aplicar los remedios de siempre, los que beneficiaron a unos y dejaron a millones por fuera. Y a eso lo llaman futuro. Y para lograrlo han recurrido a colgar espantos en las puertas de las casas, a gritar que viene el lobo.

Todavía hay quien les cree el cuento. Faltan menos de 15 días para comprobar cuántos realmente y si Colombia seguirá siendo la misma serpiente que se muerde la cola gobierno tras gobierno.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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