Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Hay cosas que no entiendo en la política: esa gente que empieza a decir que el que les gustaría que gane no va a ganar, entonces mejor votan por otro.

Me recuerda el cuento de García Márquez, Algo muy grave va a suceder en este pueblo, que empieza con una señora vieja que dice: No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo. Los hijos se ríen y, sin embargo, cuando uno de ellos está jugando billar, de pronto contesta que le ha quedado la preocupación de que su mamá le dijo que algo grave va a suceder en este pueblo y eso lo tiene tan distraído que por eso no hizo carambola. Y el que se gana el peso luego dice en su casa que se quedó preocupado y así sucesivamente hasta que algo grave pasa. Como no creo en los spoilers, porque de todas maneras hay que ir a leer el cuento para disfrutarlo y entenderlo completo (¡es maravilloso! y no voy a revelar qué fue lo tan grave que pasó), pues esto dice la mamá al final: Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

Quizá es lo que pasa en este pueblo llamado Colombia: todos presintiendo que algo grave va a pasar.

Y eso es lo que no entiendo: si uno no vota por el que quiere, pues obvio no va a ganar. Lo escucho mucho con Fajardo: es el que más les gusta, o por lo menos el que consideran mejor —o menos peor si es el caso— entre las opciones, pero como no va a ganar, pues votarán por otro. Igual con Claudia López. 

Luego viene un juego muy extraño: toda la paja que se venden a sí mismos para alivianar su consciencia con el candidato elegido. Por ejemplo, tratar de creer que Paloma Valencia es de centro. O, incluso para que pese menos, la que más se acerca al centro. Es casi de centro, pues —y hay que ver lo que dice de la JEP—. Pero bueno, uno entiende, porque pues Uribe ahora no resultó ser de derecha sino socialdemócrata. 

Al final seguimos votando por miedo: contra alguien. Generalmente contra el de la izquierda. El miedo, por ejemplo, a que alguien se quede en el poder. Lo que pasa es que ese miedo no depende de si se es de derecha o de izquierda. La historia nos lo ha mostrado, pero a la punta de la lengua solo llegan Venezuela y Cuba. La memoria histórica nos alcanza, si acaso, para unos veinte años atrás.

Hay candidatos a quienes les pasamos menos cosas. Con los otros cerramos los ojos porque ajá, las encuestas y las posibilidades y las predicciones y tal vez alguna mamá que se levantó con un presentimiento. Lo de las ballenas parece que nos marcó para siempre, pero muchos pasan la lista que tienen los tigres: esta semana, por ejemplo, lo de la periodista Laura Rodríguez cuando de la Espriella le mostró una foto para que opinara sobre su pene. “Con esa foto me gané unos votos bien bacanos del electorado femenino. (…) Estoy mal de culo, ¡pero miren esta foto!”. “¿Qué ves aquí, cariño? Acércala y dime qué ves ahí. Hazle zoom”. “No, mi amor, pero ¿qué más ves? No seas tímida”.

Quizá es por ser ilusa, porque ya me dirán que la política no funciona así, pero deberíamos votar por el que queremos votar, por el que pensamos que es la mejor opción, a ver si gana de una vez, y no por el que va a ganar, aunque no nos guste, para que no gane al que le tenemos miedo. De todas maneras, el juego del terror es lo que mejor funciona, y hay por ahí expertos en hacernos temblar.

El último año en democracia, ¿no?

Porque si es así, presiento que algo muy grave va a pasar en este pueblo.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/

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