Lecciones de un legado estatista

Bien se sabe que hay tanto admiración como malestar frente al hecho de que el poder político del país se ha distribuido a lo largo de históricos linajes familiares. Varios apellidos han marcado la continuidad estructural de Colombia desde hace más de dos siglos hasta el presente. Y aunque algunos se dividan frente al relevo de poder entre herederos, hermanos, primos, matrimonios, sobrinos y ahijados y ahijadas. Mire, sólo por esta vez, le propongo mirar a través de una óptica diferente lo que la historia nos deja.

Ante las variadas reacciones que generaron el fallecimiento de Germán Vargas Lleras, se marcó un disenso entre la pertinencia de su figura política en la coyuntura actual, al mismo tiempo que otros percibían, que de haber tenido mejores condiciones de salud, podría haber   sido contendor a la carrera presidencial. Actualmente mucha gente piensa que su nombre responde netamente a su labor como vicepresidente de Santos, o Ministro de Justicia o Ministro de Vivienda. Algunos hasta le atribuyeron la icónica frase “le cabe el país en la cabeza” como producto de la reflexión que nos deja el trabajo de su vida. Pienso que, pensar en una figura va más allá de pensar en lo que hizo. Pensar en una figura también implica pensar en los predecesores que trae consigo, en predecesores que definieron significativamente el curso del país, y hasta el pulso de una época.

El primer gran precedente reciente que nos dejó el apellido Lleras fue el de Alberto Lleras Camargo, quién al ejercer su segundo periodo presidencial en 1958, marcó el inicio del Frente Nacional. Ante un momento de convulsión sociopolítica en una Colombia marcada por la violencia, la represión y la exclusión, Alberto hizo esfuerzos por facilitar la reconciliación partidista, al mismo tiempo que procuró impulsar la planeación estatal y la modernización administrativa. No había pasado mucho tiempo desde los primeros estudios económicos a gran escala del país (Misión Kemmerer y Misión Currie) que fungieron como insumos para la elaboración del primer Plan Nacional de Desarrollo -y el primer y único plan decenal que ha existido- en un esfuerzo por definir la senda de las políticas públicas nacionales durante periodos presidenciales. Por otro lado, promulgó la creación del INCORA (Instituto Colombiano de Reforma Agraria) continuando la convicción de la distribución equitativa de la tierra para agentes excluidos, cosa que seguramente habrá sido inspiración de su primer periodo presidencial en reemplazo López Pumarejo en 1945. A su vez, también fortaleció la política exterior del país dada la experiencia que tuvo como secretario general de la Organización de los Estados Americanos, posicionando a Colombia en la estela internacional.

Después, le siguió su primo segundo, Carlos Lleras Restrepo, quién había acompañado a Alberto durante varios momentos de su recorrido político, denotando la estrecha relación entre familiares, incluso en entornos tan violentos como la política. Lleras Restrepo, al fungir como tercer presidente del Frente Nacional (en 1966), se le reconoció a su gobierno como uno de los gobiernos más tecnocráticos y modernizadores del siglo XX colombiano. Sus aportes a la descentralización administrativa y estructural del Estado significaron un hito cuyos ecos persisten hasta hoy. Propició una Reforma Constitucional en 1968 que facilitó la profesionalización de la carrera administrativa en el sector público. Además, creó instituciones descentralizadas del Estado tales como Colciencias, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF, el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación – ICFES y Coldeportes. A su vez, y no menos importante, su gobierno definió la creación de los departamentos de Cesar, Sucre y Risaralda. Uno podría argumentar que desde una perspectiva histórica, Alberto Lleras hizo esfuerzos por la estabilización del país posterior al turbulento periodo de los años 50, mientras que Carlos Lleras profundizó en la modernización económica y administrativa del Estado Colombiano.

Muchos años después, habría sido el turno del nieto de Carlos, Germán, quién más allá de su labor deliberativa en el congreso, facilitó la dinamización del sector constructor durante su periodo como ministro de vivienda. Su Programa de Vivienda Gratuita procuró la entrega de 100 mil viviendas gratis, a la vez que en su intento de reducir el déficit habitacional y mejorar la condición de vida de poblaciones más vulnerables, fue una iniciativa que funcionó como motor de crecimiento y desarrollo económico. Al actuar como vicepresidente, se le recuerda por su proyecto de infraestructura de autopistas 4G, las cuales procuraron consolidar la conectividad de Colombia, modernizando las estructuras viales a lo largo del territorio nacional. La infraestructura pública fue uno de sus sellos.

Entiendo que tal vez, a algunos colombianos no les guste el hecho de que parte de las decisiones que moldearon el curso del país hayan estado a potestad de selectivas familias. Sin embargo, piénselo así, en nuestros propios contextos familiares, cuando aprendemos con el ejemplo de nuestros mayores, buscamos darle continuidad a lo que ellos intentaron para hacer las cosas mejor por nosotros, incluso si ellos o nosotros nunca alcancemos la excelencia del todo al perseguir nuestras visiones, metas, anhelos, etc. Tal vez, podemos pensar en la historia de políticos que pensaron en soñar a Colombia más allá de lo que les permitía su tiempo, tal vez podamos vernos con los esfuerzos diarios de nuestros seres queridos por conseguir lo mismo. Hay mucho que nos hace pensar, lo que nos deja la historia de un legado estatista, y sus lecciones.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar