La candidatura que huele a infancia y poder.
Amapola tiene nueve años y ve a su mamá salir todos los días a trabajar por un país al que todavía le incomoda ver a una mujer habitar lugares de poder y liderazgo. Es una imagen en la que millones de colombianas pueden reconocerse, porque liderar no significa únicamente tener un cargo: es sostener al mismo tiempo las responsabilidades del trabajo y las del hogar.
La mujer colombiana sale todos los días a trabajar sabiendo que en casa siempre hay alguien que la necesita, esa tensión y culpa, que es tan común, se llama desigualdad de género, y es con la que se ha gobernado este país porque asume el cuidado como un asunto doméstico y no como lo que es: la base que sostiene la economía, la familia y el tejido social de este país. Nadie en esta campaña entiende esa realidad con más claridad que Paloma Valencia.
Sin saberlo, Amapola es un argumento. Su vida cotidiana — los horarios, las esperas, las salidas y regresos de su mamá — pone en evidencia la necesidad más urgente que Colombia no ha sabido gobernar: el cuidado. Quien cuida sostiene. Sostiene hogares, sostiene hijos, sostiene la vida que hace posible todo lo demás. Pero en Colombia, cuidar nunca ha sido política pública, ha sido una obligación silenciosa.
Según el DANE, en Colombia hay 18 millones de hogares. El 27,7% están constituidos por madres cabeza de familia, 5 millones de mujeres que asumen solas el sustento económico y el cuidado. Mujeres que nunca se preguntaron si podían con todo, simplemente salieron a poder porque no había otra opción.
Este es el retrato de un país que cambió a medias. Las mujeres entraron al mercado laboral, pero el cuidado siguió siendo una responsabilidad exclusivamente suya. En Colombia, 9 de cada 10 mujeres realizan trabajo de cuidado no remunerado: 7 horas y media diarias en promedio, frente a 3 horas de los hombres. Treinta y dos horas semanales de trabajo invisible que no se paga, no se reconoce y no se reparte. Una sobrecarga que agota no porque cuiden — el cuidado es humano y esencial — sino porque lo hacen solas.
Ese desbalance es la desigualdad más costosa que Colombia no ha querido gobernar. ¡Y Paloma lo sabe! En su propia casa vive un modelo distinto: su esposo asume el cuidado de Amapola cuando ella no está. Esa imagen no es menor. Es la demostración de que cuando un hombre decide corresponsabilizarse del cuidado, no pierde nada, libera el talento, la energía y el liderazgo de la mujer que tiene al lado.
Un hombre que cuida no cede poder. Rompe un paradigma. Valencia lo sabe porque lo vive. Ejerció una curul en el Senado mientras criaba a una niña que hoy tiene nueve años, sabiendo que en casa hay alguien que responde. Sabe lo que es tomar decisiones importantes con la agenda escolar encima. Sabe que el Estado falla no solo en lo grande sino en lo cotidiano, que es exactamente donde las mujeres colombianas lo necesitan todos los días. Esa experiencia no es una anécdota humanizante. Es una forma distinta — y más completa — de conocer el país.
Las mujeres que salen todos los días a trabajar sabiendo que en casa hay alguien que las necesita no votan por símbolos. Votan por quien las entiende. Y llevan décadas distinguiendo con precisión entre una candidata que habla de ellas y una gobernante que gobierna para ellas. Valencia tiene la experiencia. Tiene el modelo en casa. Tiene la información que ningún otro candidato puede tener. La pregunta es si va a convertir todo eso en agenda, en política pública, en un mandato con nombre y cifras.
Esa experiencia se puede traducir en política pública concreta. Trabajo flexible con obligación legal, no el teletrabajo de papel que nadie cumple. Jardines públicos en los municipios donde el Estado no llega. Una licencia parental compartida que reparta la carga y cambie, con el tiempo, la cultura. Un sistema de cuidado que se contabilice como infraestructura económica, no como gasto.
Ninguna de esas propuestas es nueva. Lo nuevo sería que las liderara alguien que las tiene en la sangre, que no las defiende porque las estudió sino porque las vive, porque sabe exactamente lo que necesitan esos 5 millones de madres que sustentan y cuidan sus hogares solas.
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