¿Votar con coherencia o con responsabilidad?

¿Votar con coherencia o con responsabilidad?

En primera vuelta se vota por convicción y en segunda por conveniencia. Esa lectura, aunque útil, es incompleta. Hay un segmento que vota siempre estratégicamente. Para nosotros, el voto no es solo una expresión de identidad ideológica, es la materialización de lo que pensamos, decimos y hacemos todo el tiempo, y en eso, como los otros, también somos coherentes.

Esto ayuda a entender un fenómeno reciente: voces del centro liberal, como Andrés Caro (@andrescarob) y Cristina Carrizosa (@CCarrizosaC), han manifestado su disposición a votar por la fórmula Paloma Valencia (@PalomaValenciaL) y Juan Daniel Oviedo (@JDOviedoAr), es decir, por una candidatura de centroderecha. No es una incoherencia ideológica; es una reconfiguración del liberalismo en contextos de incertidumbre. “Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo mostraron que el centro puede ser un proyecto que se construye entre personas distintas y que tiende, a veces, a la derecha y, otras veces, a la izquierda”, dice Caro en su columna “La buena fórmula”, publicada el 21 de marzo en La Silla Vacía (@lasillavacia), en la que sugiere además, que la elección no puede leerse sólo en clave programática, sino en términos de viabilidad electoral y capacidad de gobernar. En este sentido, Carrizosa, en “Incidir: un deber ciudadano”, publicada el 7 de mayo en El Espectador (@elespectador), va más allá: “Se trata de entender dónde puede el centro dejar una huella y reconocer que, a veces, la influencia pesa más que la pureza; que entre la fidelidad a una preferencia y la responsabilidad frente a un desenlace hay que elegir. No es momento de convicciones intactas, sino de decisiones que asumen sus consecuencias”. Ambos coinciden en algo fundamental: la política no es solo identidad ideológica, es incidencia real sobre el poder.

Aquí aparece una tensión clásica del liberalismo: ¿es el voto una extensión de la conciencia individual o una herramienta para producir resultados colectivos? Max Weber lo formuló con precisión en “La política como vocación” (1919): la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad no son excluyentes, pero obligan a decisiones distintas. Votar solo por afinidad puede ser moralmente coherente; pero votar considerando las consecuencias, es políticamente responsable.

Desde un liberalismo progresista con vocación republicana, esto tiene implicaciones claras. El voto no es sólo un acto privado, es, sobre todo, una decisión pública. No basta con “sentirse representado” por un candidato de centro; hay que preguntarse cuál es la configuración del poder que permite preservar lo que representa el centro: las libertades, el estado de derecho, la separación de poderes, la alternancia en el poder, entre otros pilares de nuestra democracia.

Por eso, el apoyo de sectores del centro liberal a una candidatura de centroderecha no expresa una renuncia a su identidad, sino la priorización de sus responsabilidades. Esto ha incomodado en el centro, porque rompe la idea romántica del voto como expresión de pureza ideológica. Pero la democracia es imperfecta. Es, como sabía Weber, un terreno donde la convicción y la responsabilidad se tensionan y, a veces, como en este 2026, obligan a elegir.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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