El costo de vivir en Medellín es un problema. Uno, digamos, “dulce”, teniendo en cuenta que hace 30 años éramos la ciudad más violenta del mundo y nadie quería estar aquí. Ahora sucede lo contrario, hemos hecho las cosas bien en la ciudad y muchas personas, de otras partes de Colombia y del mundo, anhelan vivir aquí. Y yo prefiero enfrentar problemas que surgen a raíz del éxito y no de las tragedias.
Y claro, lo que nos pasa es de manual, si muchos desean lo mismo, pero no hay más oferta de ello, los precios suben. Es el caso de Medellín, buena parte del costo de vida se explica por el costo de la vivienda, ya que cada vez más personas quieren tener aquí su hogar, pero se construye muy por debajo de esa demanda. A niveles preocupantes, hasta ciudades mucho más pequeñas como Barranquilla y Cartagena nos superan en niveles de construcción.
¿Las razones? Una mezcla complicada de entender. Rígidas regulaciones del Plan de Ordenamiento Territorial (afortunadamente en proceso de revisión, pero que cuenta como fallo del Estado, no del mercado); el fin de los subsidios de vivienda por parte del Gobierno Nacional; alta inflación en los últimos años; tasas de interés elevadas; el fracaso de planes de renovación como Nuevo Naranjal (oh, otro fallo del Estado). Pero claro, siempre será más fácil echarles la culpa a los gringos que intentar abordar un problema complejo.
Todo esto para decir que tenemos una oportunidad de oro para entender y solucionar bien un problema, pero está en riesgo por políticos populistas expertos en sembrar odio desde la izquierda. La solución no es echar a los gringos, a los venezolanos, a quienes vienen de otras partes del país… no es regular precios o prohibir la vivienda turística: el problema no está en cortar la demanda, sino en aumentar la oferta. Y esto es un gana-gana porque no solo mantiene el crecimiento económico con el que viene la ciudad, con el menor desempleo del país, sino que si se dispara la construcción todo puede mejorar aún más.
Es falso que en Medellín no haya espacio para hacer más vivienda, hay barrios subutilizados, céntricos y con servicios, que deben ser el escenario de un boom de la construcción: el Centro, Caribe, Naranjal, El Chagualo, Jesús Nazareno, Estación Villa, Sevilla, Barrio Colombia, Barrio Triste, La Bayadera, El Perpetuo Socorro y más.
Seguro que Medellín está caro será el tema de las próximas elecciones locales, y trascenderá el simple enfrentamiento electoral. Serán visiones del mundo contrapuestas, ideologías chocando, y sobre todo, un marco de disputa de narrativas que, desde quienes defendemos el capitalismo, tenemos que afinar.
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