Hay recuerdos que pese a no tener mucha claridad, quedan marcados para siempre. En mi infancia, con cierta frecuencia, un desconocido tocaba a la puerta de la casa:
—Usted me podría colaborar con algo de dinero para comprar esta fórmula médica y midioselohadepagar, le decían a mi mamá o a mi papá según quien abriera la puerta.
Cuando el llamado a la puerta no era solicitando una medicina para un tratamiento, era para pedir una colaboración y poder enterrar a un hijo, un hermano; generalmente un hombre joven, de esos que se contaban por cientos en las fechas en las que Medellín seguía estando entre las ciudades más violentas del mundo.
Hoy ya no vivo en ese barrio y Medellín —por fortuna— ya no está entre las ciudades más violentas del mundo. Pero cada vez con más frecuencia empiezo a ver que los chats de las familias, los vecinos y hasta de compañeros de trabajo se llenan de llamados apelando a la caridad.
— ¿Alguien tiene este medicamento para fulanito que lo necesita con urgencia?
— ¿Quién tiene insulina para donar?
— Tengo estos medicamentos, por si a alguien le sirven.
Mientras tanto las noticias en el país siguen reportando lo que apenas parece estar en la superficie: hospitales que deben atender la embestida de la crisis en medio de renuncias masivas y un déficit de personal médico, deudas acumuladas en salarios al personal de salud, la falta “crítica” de medicamentos e insumos médicos, lo que se puede traducir en un riesgo de descompensación en los pacientes.
La reciente Encuesta de Calidad de Vida del DANE muestra que en 2025 solo el 44,9% de los consultados pertenece al régimen contributivo, frente al 48,4% de 2019. Según este mismo instrumento oficial, la satisfacción con el servicio es la más baja en seis años. Asimismo, la salud fue el factor que frenó una reducción más significativa de la pobreza multidimensional.
La situación es tan crítica que pone en riesgo la vida de cientos de personas y genera una profunda incertidumbre en quienes hoy gozamos de buena salud, porque sabemos que nadie está excepto de una enfermedad y de tener que enfrentar un tratamiento de alto costo con un gasto mayor de bolsillo, so pena de quedar a la merced de la política del chu – chu – chu.
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