Gracias, Sergio

He tenido una relación —unilateral porque él no me conoce— con Sergio Fajardo desde los dieciséis años. Cuando yo estaba en el colegio él era alcalde de Medellín y le mandé una carta abierta criticándolo por su negativa a apoyar a la señorita Antioquia en el Concurso Nacional de Belleza. El mensaje decía: “A las mujeres en Medellín las medimos por su talento”. A mí, en vez de parecerme un mensaje incluyente, me pareció todo lo contrario. Excluyente y de mal gusto. La Amalia feminista de hoy piensa muy distinto y ese no es el tema de la columna. 

Fajardo fue luego gobernador y critiqué su obsesión por construir colegios en todos los municipios de Antioquia y el slogan de “La más educada” hasta en las botellas de aguardiente. Me parecía que hacer edificios no solucionaba por sí sólo el tema de analfabetismo o desescolarización, pues algunos de esos colegios no tenían capacidad para soportar la infraestructura, dinero para pagar profesores, o los niños de las veredas no tenían los recursos para llegar a ellos. Y ni hablar del fracaso de la Biblioteca España. En fin, nuevamente, temas para discutir después. 

Sin embargo, en el año 2022, las circunstancias del país me obligaron a repensar qué me gustaba de un candidato y, ¡oh sorpresa! Voté por Sergio Fajardo en la primera vuelta presidencial. Voté con convicción y esperanza confiando en el proyecto que proponía. Me gustaba la idea de tener un presidente de centro, alguien muy bien rodeado, con capacidades técnicas, que no se fuera contra las libertades individuales, que no hiciera tanto ruido, un tibio como le dicen muchos. Yo, que toda la vida he sido de posiciones un tanto radicales y firmes (aunque cada vez menos, porque mientras más me conozco, más me desconozco, tema para otra columna o para un libro) me vi yendo a votar por el político al que más he criticado en la vida. 

La segunda vuelta de ese año fue otra sorpresa para algunos, pues el favorito para pelearle la presidencia al candidato de izquierda era Federico Gutiérrez, aunque a quienes nos gusta y nos interesa la política sabíamos que el presidente sería Gustavo Petro. Es decir, sabía que mi voto y el de las 885.000 personas que votaron por Fajardo no daban para llevarlo a segunda. Si yo, que soy pésima para los números lo sabía, estoy segura de que él también.

Pasa lo mismo hoy. El escenario actual muestra a tres candidatos con opciones reales de llegar a la Casa de Nariño y, detrás, se ve a un Fajardo peleando con un cinco por ciento en intención de voto. En diciembre del 2026, él era mi candidato, se le veía fuerte y con una campaña que prometía. Hoy, tristemente, se ve a un centro borroso o sumándose a otros movimientos, porque las cuentas no le dan por sí solo. 

No creo que sea responsabilidad de Fajardo lo que ocurra en la segunda vuelta como algunos están anticipando desde hoy; y también sé que unirse a la campaña de Paloma Valencia, como algunos sectores se lo están pidiendo (como muro de contención contra Iván Cepeda), significaría su muerte política, aunque mostraría una nobleza y una humanidad dignas de verdaderos líderes. 

No obstante, más allá del resultado del 31 de mayo y de las decisiones políticas y personales que tome Fajardo quiero decirle algo para sumarle a la historia de esta relación de amores y odios (muy humana, por cierto): Sergio, te agradezco por haber convertido a esa joven ingenua de extrema derecha en una mujer de centro, con una mirada más crítica y honesta, más genuina, y por qué no, más incoherente, más humana.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/amalia-uribe/

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