Me van a tener que perdonar (otra vez), pero voy a copiarme a mí mismo (diré que es un gesto borgiano, para darme ínfulas).
Escribí, en una columna hace ya más de 20 semanas (titulada Quintero no), lo siguiente: «Hay un asunto en el que puede estar de acuerdo una inmensa mayoría de medellinenses: con Daniel Quintero, a metros. En Colombia debería ser igual».
Y sin embargo, como el dinosaurio de Monterroso, Quintero sigue ahí, flotando sobre un proyecto al que no pertenece, reapareciendo una y otra vez, asomando el rostro por la siguiente ventana que encuentra abierta cada vez que se le cierra la anterior.
Dejé dicho en aquella columna sobre el exalcalde: «Lo suyo es la pose y la diversidad de principios, porque, parafraseando a Cabal (a Facundo, no a María Fernanda), Quintero no es de aquí ni es de allá. Su habilidad ha sido ir probando dónde y cómo abrirse un hueco en el entramado de la política para beneficio propio».
Y lo encontró, de nuevo. Esta vez fue en los oídos necesitados de alabanzas y en la personalidad demandante de lealtades incondicionales de Gustavo Petro en donde halló el espacio para mantenerse vigente.
Sería imperdonable que el presidente de Colombia desconociera su prontuario, sus investigaciones, su polémico paso por la administración de Medellín, sus acusaciones por corrupción. ¡Tiene que saberlo! Por eso, porque todo lo anterior es de conocimiento público, es que se hace aún más inentendible e indignante su decisión de nombrar a Daniel Quintero superintendente de Salud.
Firmé, en esa misma columna que estoy replicando en pequeños fragmentos, esto: «Quintero es un tipo ambicioso. Y su administración fue eso: una persecución para alcanzar sus intereses muy particulares para beneficio propio y de los que considera suyos».
Y digo ahora que en su nuevo rol, esos tres meses largos antes de que termine la presidencia de Petro, serán tiempo suficiente para que el cuestionado e investigado personaje pueda replicar el entramado de favores políticos y personales que acompañó su paso por la alcaldía.
Perdónenme una última autocita: «Quintero ha sabido vestirse con el traje que mejor le convenga, porque lo suyo es un proyecto personal, no político». Y entonces resulta absurdo que aparezca ahora como el responsable de velar por los recursos de un sistema de salud que el presidente Petro encontró enfermo y que, tras los remedios que le aplicó, entregará moribundo.
Puede ser que la insistencia de Gustavo Petro en dejarse acompañar de este infausto personaje sea una jugarreta de mal gusto para disfrutar con el enojo de sus contradictores, un chiste interno que solo a él le parecerá gracioso, porque también es una traición para todos los que hemos acompañado de una u otra manera el movimiento y las dinámicas políticas que lo llevaron a la presidencia.
También es cierto que la corrupción es el gran lunar del mandato de Petro. Y la llegada de Quintero no hace más que repintar y oscurecer aún más esa mancha en una administración que no supo blindarse de ese mal enquistado en Colombia y que protegió a algunos que debió haber sacado de sus puestos.
La última pregunta que le hicieron a Petro en la reciente entrevista de Los desayunos, de RTVE y la Agencia EFE, el pasado viernes 17 de abril, fue: ¿De qué se arrepiente en su presidencia? «¡De nombrar un poco de gente que no servía!», respondió, y desató las risas y los aplausos de la audiencia. Esa claridad parece no tenerla en cuenta al darle a Daniel Quintero tamaño premio, inmerecido e inconveniente por demás.
Hay quienes sostienen que Gustavo Petro no quiere que Iván Cepeda sea presidente, así él podría mirar a la historia como el primer y único presidente de izquierda en Colombia. El absurdo nombramiento del exalcalde bien podría darles la razón, pues alimenta con argumentos a sus contradictores más acérrimos e insulta a quienes somos críticos con su gobierno aunque creamos en el fin último del progresismo y la izquierda.
Hay otros que sostienen lo contrario: que desde el gobierno le están haciendo campaña a Cepeda. Defender las ideas de la izquierda por medio del voto es una decisión que se hará a pesar de Petro e incluso, si sigue por este camino, en contra de él.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/