Imperialismo democrático

Ha pasado una semana desde que se “concretó” el cese al fuego entre los Estados Unidos de América, la República Islámica de Irán y el Estado de Israel. La amenaza genocida de desaparecer a la rama chii del islam de la faz de la tierra se disipó, y el mundo fue testigo por un leve momento de la concesión de paz entre el hemisferio asiatico del medio oriente y dos de las naciones más beligerantemente activas en el planeta.

Este año, pareciera que la geopolítica global girara bruscamente hacia un paradigma diferente: Partiendo de ejemplos relativamente recientes como el de nuestros vecinos bolivarianos, aquel régimen tiránico que desestabilice la integridad moral de su país será sujeto de la intervención inmisericorde de poderes ajenos, cuyo supuesto propósito en la “liberación” de los pueblos del mundo, funciona como la bandera estandarte y justificación para incidir en detrimento de soberanías nacionales y autodeterminaciones propias de las sociedades azotadas.

Cuando las Naciones Unidas y el Iuris internacional cuyas instituciones globales establecen y definen el derecho que se debe regir para la guerra, no se aplican en contextos de confrontación como los que estamos viviendo; la mejor respuesta a la incertidumbre es partir de la acción individual de cada gobierno, incurriendo a escala internacional en lo que históricamente se definió como la RealPolitik. Aquí es donde la anarquía prima entre las relaciones internacionales de los países que conforman el sistema mundial. Aquí es donde no vale la destreza para una diplomacia concertada entre las partes, sino la primacía de quien tenga el garrote más grande.

El deterioro de las instituciones que se erigieron para evitar que conflictos como la 2da guerra mundial ocurriesen, ha redundado en que los supuestos acuerdos entre partes para la terminación del conflicto no tengan siquiera continuidad en su implementación. Puesto que no fue poco después del cese al fuego y la “aceptación” de los términos de Irán para reabrir el estrecho de Ormuz -bajo una indemnización que resulta desmoralizante y una derrota económica para los Estados Unidos- que áreas tales como las del Líbano se vieran violentadas por ataques de Israel -bajo la justificación de acabar con células de Hezbolá- lo cual ha generado más de 1500 muertes civiles y el desplazamiento de más de un millón de personas, acrecentando considerablemente el número de vidas afectadas.

Y es cierto que en paralelo a las tensiones que se han dado bajo esta violación del cese al fuego han ocurrido iniciativas que pretenden desescalar la situación: Recientemente, varios países – Incluyendo a Reino Unido el cuál autorizó el uso de sus bases militares para ofensivas aereas contra Irán- firmaron una declaración conjunta de establecer la paz en el Líbano como parte del Cese al fuego. Parece que hay giros en la toma de decisiones de esta escalada bélica que demuestra que la coherencia a medias de los involucrados en el conflicto es diagnóstico del malestar institucional internacional, y de la intervención sin escrúpulos en regiones ajenas con fines de “liberación” y superioridad moral, en vistas de una historia de intervenciones fallidas que no han hecho que perpetuar durante décadas la desmoralización de una región.

Varias potencias y naciones del sur global han sido partícipes de la mediación diplomática, las denuncias, las acciones militares, y las pujas estructurales sobre el control económico del estrecho de Ormuz,  se ha puesto en juego la legitimidad moral bajo una lógica de “justificar la incidencia” así sea mediante el uso brutal de la fuerza. Esto quizás traiga memorias de épocas ajenas, épocas de conquista y subordinación a decisiones sin consideración por la soberanía y las vidas de millones de personas, épocas en las que se pretende imponer un control sobre el destino político y económico de áreas estructuralmente esenciales para la sostenibilidad del mundo.

La única diferencia entre esa época y el hoy, es que incluso el sur global es partícipe de la anarquía y los compromisos. Pareciera que estas nuevas formas sofisticadas de hacer la guerra facilitaran que la discordia alcanzara para todos. Pareciera que ahora el imperialismo, se hubiera vuelto más incluyente, más democrático.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/

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