Quiero ver el vaso medio lleno respecto a las elecciones y que, quienes aspiramos a que Colombia no caiga en el fracasado modelo socialista, nos contagiemos de un necesario optimismo. Iván Cepeda va de primero, sí, innegable y preocupante que un gobierno con tan mal desempeño logre sostener tanto apoyo, pero… están lejos de lograr una victoria en primera vuelta, Cepeda está estancadísimo en su crecimiento y, con nombramientos como Aída Quilcué para ser su fórmula vicepresidencial, solo profundizó más la radicalización de la izquierda y frenó su expansión hacia otros sectores más moderados.
Otro elemento a destacar: Cepeda es un pésimo candidato. Y va desde cuestiones aparentemente más superficiales como su imagen personal, hasta su incapacidad para dar discursos en público sin recurrir a leer de una hoja, lo descolocado que se pone ante cualquier cuestionamiento de un periodista o contrincante y su innegable, aunque solapado, respaldo a dictaduras y grupos armados de izquierda (carga, por ejemplo, con la responsabilidad política de ser el impulsor de la Paz Total, cuyos beneficiarios terminaron asesinando a Miguel Uribe).
También es interesante el crecimiento de la fórmula Paloma – Oviedo, porque su aumento no se puede explicar como un desinfle de Abelardo, en tanto él sostiene más o menos los mismos porcentajes de apoyo en cada encuesta. Es decir, incluso fuera de la derecha hay intensiones de derrotar a Cepeda y, por eso precisamente, no se le debe criticar a Paloma que esté buscando aliados más allá de la derecha, al contrario, necesitamos que esos sectores esta vez no apoyen al petrismo. No es casualidad que, en mediciones de Atlas Intel, la encuestadora que ha destacado por su precisión en América, tanto Paloma como Abelardo serían vencedores en segunda vuelta, el centro, por fin, se está dando cuenta de la amenaza que enfrentamos y está dejando de sumar a la izquierda.
Además, la retaguardia histórica de la izquierda, Cuba y Venezuela, no está ahora en disposición de ayudarlos. En buen momento llegó la intervención de Trump, que seguro está bien enterado de que la formación, el entrenamiento, el respaldo, el escondite y la financiación de buena parte de la izquierda latinoamericana proviene de estas dos dictaduras en colapso.
Para cerrar, con otro tema aparentemente diferente pero que se conecta. Hubo dos anuncios importantísimos del gobierno Milei: el porcentaje de argentinos que vive en la pobreza pasó del 53 % al 28 %, el libre mercado, una vez más, ha demostrado su superioridad; además, se demostró cómo Rusia había pagado a medios digitales e influencers para criticar su gobierno. No son hechos menores y han tenido poco cubrimiento en Colombia, probablemente porque aquí, izquierda y una parte considerable de la derecha, le teme a la competencia del libre mercado, y porque la izquierda también carga con el pecado de haber hecho ejércitos digitales con plata del extranjero.
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