Innovación política: el cuarto camino

Innovación política: el cuarto camino

Algo está cambiando en la política nacional. Y aunque nadie sabe si esa receta o fórmula llegará a buen puerto, lo cierto es que, por lo menos, es innovadora, diferente y, sin duda, inesperada.

Se juntaron los improbables para regalarle al país una opción a la Presidencia que no era ni la extrema derecha, ni la extrema izquierda, ni el tradicional centro político. Hace un par de semanas esto no estaba en el panorama del público general y, sin duda, esa es la razón por la que ha llamado tanto la atención.

La improbabilidad de esta juntanza imperfecta entre los mal llamados “fachos” y los mal llamados “mamertos” tiene al país en una sensación de novedad que, para los más negativos, es sospechosa y, para los más positivos, es un alivio.

Tratar de pronosticar si es o no una opción viable frente a las grandes mayorías de izquierda y de derecha ha sido la gran comidilla de los medios y de las personas en redes sociales. Pero, más allá del final del cuento, hay que reconocer que se abrió un espacio antes inexistente.

Eso es, justamente, la innovación. Y sorprende, especialmente, porque ocurre en un terreno que, en principio, es infértil para la creatividad. En política no se innova en lo más mínimo. Y aunque algunos usen las redes como su gran revolución, hagan jingles o utilicen animales para parecer creativos, en la base había más o menos lo mismo: el mismo centro, la misma izquierda y la misma derecha.

Esta idea de coalición es creativa desde la base y se constituye en una innovación política.

¿Por qué?

Primero hay que entender que la innovación no es solo hacer algo completamente nuevo. Entre los más de diez tipos de innovación —según Doblin— se encuentra el clúster de productos o servicios, que consiste en unir dos elementos que nunca antes habían sido juntados para crear algo distinto. Ese es el caso de Paloma y Oviedo. Y cuando se unen, lo que configuran es más grande que ellos, porque, aunque los contiene, los supera.

Pero además:

Por primera vez es viable que una candidata mujer obtenga mayorías.
Por primera vez un hombre homosexual es invitado a una fórmula vicepresidencial.
Por primera vez se plantea la idea de la diferencia como base para la construcción del país.
Por primera vez se une la política de tradición con la tecnócrata sin encontrar en esa encuentro una disonancia.
Por primera vez se habla de lo que le corresponde al Ejecutivo y lo que le corresponde al Legislativo, y eso madura la política.
Por primera vez los políticos hablan en las entrevistas como gente normal que, aunque es diferente, convive.
Por primera vez nos invitan a mirar hacia adelante y no quedarnos en un pasado en el que, ya sabemos, no estamos de acuerdo.

Esta innovación contiene la juntanza de géneros, de orillas políticas, de orientaciones sexuales. Pero, sobre todo, la innovación está en lo que se necesita para juntar lo imposible: inteligencia emocional, capacidad de debate con argumentos, creatividad y —hay que decirlo— surge del terreno de la juventud y la formación de quienes deciden unirse.

¿Este país está preparado para semejante innovación? ¿Estamos listos para dejar de pelear y empezar a construir? ¿Somos capaces de hablar de consensos en vez de “sapos que hay que tragarse”? ¿Tenemos la madurez política para entender que la diversidad es el terreno más fértil para la creatividad? ¿Podremos dejar de infantilizar a los candidatos, dándoles lugar solo a través de sus padres caudillos del pasado?¿podremos construir sin destruir el camino recorrido y con los derechos ya adquiridos?

Puede ser humo, puede ser ingenuo, puede ser solo un cambio de empaque. No lo sabremos hasta intentarlo.

¿Estamos dispuestos?

No lo sé, como en toda innovación, el principal enemigo es el “legacy” o la tradición. No es raro entonces que muchos digan que es imposible, que las cosas no se hacen así, que lo de antes funciona bien. Siempre ha pasado, es el día a día de un innovador, encontrar esas respuestas y entregar argumentos suficientemente convincentes para que los demás confíen en el riesgo de hacer lo que no se había hecho.

Ya veremos si tenemos apertura mental y la madurez política,  y si los candidatos tienen la capacidad de explicar muy bien, lo que significa el cuarto camino.Innovación política: el cuarto camino

Algo está cambiando en la política nacional. Y aunque nadie sabe si esa receta o fórmula llegará a buen puerto, lo cierto es que, por lo menos, es innovadora, diferente y, sin duda, inesperada.

Se juntaron los improbables para regalarle al país una opción a la Presidencia que no era ni la extrema derecha, ni la extrema izquierda, ni el tradicional centro político. Hace un par de semanas esto no estaba en el panorama del público general y, sin duda, esa es la razón por la que ha llamado tanto la atención.

La improbabilidad de esta juntanza imperfecta entre los mal llamados “fachos” y los mal llamados “mamertos” tiene al país en una sensación de novedad que, para los más negativos, es sospechosa y, para los más positivos, es un alivio.

Tratar de pronosticar si es o no una opción viable frente a las grandes mayorías de izquierda y de derecha ha sido la gran comidilla de los medios y de las personas en redes sociales. Pero, más allá del final del cuento, hay que reconocer que se abrió un espacio antes inexistente.

Eso es, justamente, la innovación. Y sorprende, especialmente, porque ocurre en un terreno que, en principio, es infértil para la creatividad. En política no se innova en lo más mínimo. Y aunque algunos usen las redes como su gran revolución, hagan jingles o utilicen animales para parecer creativos, en la base había más o menos lo mismo: el mismo centro, la misma izquierda y la misma derecha.

Esta idea de coalición es creativa desde la base y se constituye en una innovación política.

¿Por qué?

Primero hay que entender que la innovación no es solo hacer algo completamente nuevo. Entre los más de diez tipos de innovación —según Doblin— se encuentra el clúster de productos o servicios, que consiste en unir dos elementos que nunca antes habían sido juntados para crear algo distinto. Ese es el caso de Paloma y Oviedo. Y cuando se unen, lo que configuran es más grande que ellos, porque, aunque los contiene, los supera.

Pero además:

Por primera vez es viable que una candidata mujer obtenga mayorías.
Por primera vez un hombre homosexual es invitado a una fórmula vicepresidencial.
Por primera vez se plantea la idea de la diferencia como base para la construcción del país.
Por primera vez se une la política de tradición con la tecnócrata sin encontrar en esa encuentro una disonancia.
Por primera vez se habla de lo que le corresponde al Ejecutivo y lo que le corresponde al Legislativo, y eso madura la política.
Por primera vez los políticos hablan en las entrevistas como gente normal que, aunque es diferente, convive.
Por primera vez nos invitan a mirar hacia adelante y no quedarnos en un pasado en el que, ya sabemos, no estamos de acuerdo.

Esta innovación contiene la juntanza de géneros, de orillas políticas, de orientaciones sexuales. Pero, sobre todo, la innovación está en lo que se necesita para juntar lo imposible: inteligencia emocional, capacidad de debate con argumentos, creatividad y —hay que decirlo— surge del terreno de la juventud y la formación de quienes deciden unirse.

¿Este país está preparado para semejante innovación? ¿Estamos listos para dejar de pelear y empezar a construir? ¿Somos capaces de hablar de consensos en vez de “sapos que hay que tragarse”? ¿Tenemos la madurez política para entender que la diversidad es el terreno más fértil para la creatividad? ¿Podremos dejar de infantilizar a los candidatos, dándoles lugar solo a través de sus padres caudillos del pasado?¿podremos construir sin destruir el camino recorrido y con los derechos ya adquiridos?

Puede ser humo, puede ser ingenuo, puede ser solo un cambio de empaque. No lo sabremos hasta intentarlo.

¿Estamos dispuestos?

No lo sé, como en toda innovación, el principal enemigo es el “legacy” o la tradición. No es raro entonces que muchos digan que es imposible, que las cosas no se hacen así, que lo de antes funciona bien. Siempre ha pasado, es el día a día de un innovador, encontrar esas respuestas y entregar argumentos suficientemente convincentes para que los demás confíen en el riesgo de hacer lo que no se había hecho.

Ya veremos si tenemos apertura mental y la madurez política,  y si los candidatos tienen la capacidad de explicar muy bien, lo que significa el cuarto camino.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/juana-botero/

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