La caricia perdida

Me descubro hipnotizado por un video de ASMR en YouTube. No es la primera vez que me sumerjo en uno de estos. Solía ponerlos para estudiar, para escribir y alguna vez hasta para dormir. La terriblemente perspicaz memoria del algoritmo de YouTube pareció concluir que necesitaba una nueva dosis.

Con algo de curiosidad mezclada con la nostalgia del efecto de esos videos (que dejé de consumir porque, de tanto hacerlo, me vi drenado de lo que sea esa placentera sustancia que producen), le di play. El cosquilleo y los escalofríos no tardaron en aparecer. 

Pero fue distinto. 

Me detuve a escuchar las palabras de la mujer (casi siempre son mujeres las que hacen estos videos, con un par de excepciones), en vez de dejarme llevar por los aterciopelados sonidos. Prometían cuidado, compañía, paz, confianza, complicidad… Tenía una manera en extremo convincente, tan real, tan cercana, de hacer sentir todo eso. 

Tan aterradora, también, por su distante cercanía. 

Esta vez encontré una relación devastadora entre sus palabras (y, en general, este tipo de videos) y los personajes de Her, Blade Runner 2049 y Companion. No solo con los personajes sino también con las distopías que retratan estas películas, donde una inteligencia artificial se transforma en una emocionalidad artificial. 

Tan distante y tan cercana.

En esos videos parecía estar buscando algo muy parecido (o idéntico) a lo que buscan Theodore en Samantha (Her), K en Joi (Blade Runner 2049) y Josh en Iris (Companion). Todas mujeres artificiales. Resulta particular que, en paralelo, casi todas las IA que usamos tienen voz de mujer. 

Ni siquiera estaba seguro de que la mujer del video fuera real. ¿Cómo distinguirlo? 

Pausé el video. 

¿Son proféticas esas películas? ¿A eso vamos a llegar? ¿En eso ya estamos? 

Recordé las palabras de Tilsa Otta en La vida ya superó a la escritura: Vivimos según las reglas de la saciedad postcapitalista. El modelo económico creó un nido inestable. Sentimentalmente somos freelance. 

¿Cuál es el vacío que estamos intentando suplir con la inteligencia artificial? 

¿Será la caricia? 

¿La caricia perdida que Alfonsina Storni nos dejó al sumergirse a buscar poemas en el fondo del mar?

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos… En el viento, al rodar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida, ¿quién la recogerá?

Ya ni en el viento, Alfonsina. Buscamos la caricia en la pantalla del celular.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/martin-posada/

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