Nos creen pendejos (somos pendejos)

Algunos políticos nos creen pendejos, y lo cierto es que a veces lo somos por muchas razones: no leer más, creerle al amigo del amigo, confiar en que las sonrisas en TikTok son reales, quedarnos con el titular. Básicamente por lo básico: falta de conocimiento e información, que en el mundo actual es muy fácil de remediar, pero todo un reto: saber elegir.

El ejemplo más popular de esta semana es el del recién elegido congresista Daniel Briceño que trató de explicarnos lo mucho que le ahorró al Estado, que nos ahorró a todos, y que aunque al principio puede parecernos un acto de pura honradez, cuando uno sabe más, cuando escucha atentamente, pues hay que decir no mi ciela, no nos enredés por ahí.

Está bien celebrar campañas austeras. Ojalá todas fueran así, que el derroche estuviera en el conocimiento y las propuestas y no en el dinero. Pero no se ahorra lo que no se gasta y está bueno el ejemplo que rondó en internet de la tarjeta de crédito: tengo diez millones de cupo, pero como solo me gasté un millón, me ahorré nueve.

Busquemos y resumamos: la reposición de votos les devuelve a los candidatos y partidos que superen el umbral parte del dinero que se gastaron en la campaña. Detrás hay que presentar informes de ingresos y gastos, no haber superado los topes de financiación del CNE y que sea claro de dónde vienen los recursos.

Pero como no se puede pedir más dinero del que se gastó, a Briceño no tendrían que darle más de lo reportado, y por tanto el ahorro no existe. Ni siquiera está en las triquiñuelas para hacernos pensar que es tremendo ahorrador-salvador-desinteresado.

Y así con muchos, porque el lenguaje puede con cualquier cosa y más en esta época de redes sociales y sobreinformación. Ahora Paloma Valencia es de centro y dejó de ser automáticamente de derecha solo porque lo dijo. Se nos olvidó que una vez pidió partir el Cauca en dos y que fue una de las grandes promotoras del No en el plebiscito por la paz y que es la de Uribe. Solo por empezar.

Hace días la esposa de un amigo dijo que estaba cansada de vivir en esta ciudad en la que vivimos, que es pequeña, porque hay muchos progres. Se refirió, sobre todo, a esos que protestan y que, dijo, les pagan. De dónde sacás eso, le preguntamos una amiga y yo, porque nosotras sí que confiamos en que la gente protesta porque cree en la causa. Dijo que hay investigaciones, nos nombró personas y algunos medios. No los reconocimos y mi amiga y yo, las dos, somos periodistas. Lo vio en TikTok, pero estaba segurísima y aburridísima de esos que protestan sin saber por qué. Normal. TikTok no premia la duda. Empuja lo que da rabia, lo que polariza, lo que se puede repetir en diez segundos. Y ahí estábamos: creyendo que hay investigaciones porque alguien lo dijo con seguridad, movimientos del cuerpo, buena voz y musiquita de fondo. Es que son ignorantes esos que protestan, dijo.

Porque al final somos unos crédulos, al estilo del coronel en El coronel no tiene quien le escriba, el libro de García Márquez. Don Sabas es un señor rico que le dice que el gallo vale 900 pesos, pero cuando el Coronel se lo ofrece, apenas pone sobre la mesa 400 porque es peligroso que el gallo pelee. O eso dice. El médico que escucha le dice al coronel, luego, que don Sabas lo comprará por eso, pero lo venderá por 900, seguro. Hay evidencias de cómo es don Sabas: tremendo hombre rico. El Coronel, sin embargo, no cree que su compadre le vaya a hacer eso. Pues cómo.

Porque pues cómo nos van a mentir los políticos en redes sociales. O ni siquiera los políticos, esos que ahora se suman a la política por las más diversas razones. Pero ahí vamos, eligiendo influencers y personas que subieron al bus y que nos prometen con palabras ahorros que no existen.

Pero para la pendejada no hay nada en principio, excepto lo más fácil de hacer: luchar contra la ignorancia y no creer lo primero que nos dicen. No creerles. No confiar. Votar mejor. Elegir mejor. Leer. No tragar entero. Confrontar. Pedir claridad. Exigir cuentas claras, trabajo, constancia, vocación política, honradez, integridad, etcétera. Lo mínimo que se le puede pedir a los gobernantes: que gobiernen. Y etcétera: la lista es larga.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/

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