Estamos a escasos días de las elecciones. El país está empapelado, lleno de publicidad y no hay político que no esté prometiendo el cielo y la tierra, todos garantizando ser la solución que Colombia necesita en este momento.
He escuchado de todo: los que tienen una posición política clara, los que odian la política y ya no quieren saber nada de ella, y, sobre todo, los que no sabemos por quién votar. Son estos últimos quienes más me preocupan: los que valoramos la democracia pero estamos a punto de caer en la abstención simplemente por no saber elegir; personas que no ven opciones claras o que, saturadas de información, han perdido la claridad. A ustedes les digo: por favor, no bote su voto.
Quizás usted cree que es uno más y que su decisión no hará la diferencia. Pero, ¿cuántos como usted piensan lo mismo? Piense por un segundo cuántos votos dejamos de contar y cuánta diferencia dejamos de marcar solo por ese pensamiento.
Colombia ha dispuesto medios útiles para informarse. La Silla Vacía, por ejemplo, ha publicado investigaciones sobre candidatos con historiales cuestionables y ha creado herramientas para comparar posturas, trayectorias y afinidades ideológicas. Es un recurso invaluable en este momento.
Pero, ¿por qué votar en estas elecciones es tan importante? No se trata solo de la presidencia. Las elecciones de este 8 de marzo son las que distribuyen el poder y constituyen la rama legislativa que, en la práctica, rige el día a día del país.
Considere este dato: el Congreso de la República acaba de aprobar un Presupuesto General de la Nación para 2026 de $546,9 billones de pesos. Ese dinero sale, en gran parte, de sus impuestos. El Congreso no solo decide cómo se recauda ese dinero, sino también en qué se gasta: desde cuánto se invierte en educación y salud, hasta los proyectos de infraestructura que afectan su bolsillo y su calidad de vida. Elegir en estas elecciones es, posiblemente, la decisión económica más importante que tomará este año.
Algunos ejemplos claros: las reformas tributarias que determinan si le gravarán más sus ingresos, los cambios definitivos en el sistema de salud y de pensiones, y las políticas de inversión social de largo plazo. Todo eso pasa por el filtro del Senado y la Cámara.
Es mucho mejor que exista una división de poderes, que una sola persona tome todas las decisiones importantes por «dedocracia» o voluntad propia. No se deje engañar, no posponga la tarea y no crea que la política no lo afecta. La política permea cada aspecto de su vida: desde cuánto paga en el supermercado hasta cuánto recibe por su trabajo.
Piense con calma, vote a conciencia y por convicción. Pero, sobre todo, haga de cuenta que no hay un mejor lugar donde estar este 8 de marzo que en las urnas. Vote. No permita que otros elijan por usted. No bote su voto.
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