Lo personal es político

Las frases populares son uno de los repertorios de la militancia política en tiempos de redes sociales. Los perfiles de Instagram y Tiktok se convierten en vehículos para expresar posiciones ideológicas. El post, la manera como llamamos una interacción en internet, es una declaración pública. Antes de que trasladáramos parcialmente la esfera pública a la virtualidad, los postes de luz y el espacio público en general eran los lugares más usados para estas declaraciones. Hoy tenemos una realidad híbrida en la coexisten los posts virtuales con el tradicional panfleto callejero.

La consigna “lo personal es político” debe ser una de las más usadas hoy como post en redes sociales. Esta expresión tiene una acepción y un origen más o menos claro, con lo difícil que es rastrear el acta de nacimiento de un concepto. Buena parte del feminismo del siglo XX entendió que las estructuras de poder patriarcal se expresaban en el plano doméstico. En ese sentido, hablar de los cuidados, de las responsabilidades del hogar, de la maternidad y del matrimonio, no era solamente develar rutinas diarias, sino también reflexionar sobre estructuras de dominación que extienden relaciones desiguales.

La perspectiva de la interseccionalidad fortaleció la mirada de la importancia del diario de vida, de esta especie de política confesional. La experiencia vital de una mujer, de una persona negra, o de una perteneciente a una disidencia sexual, supone una subjetividad política en tanto ese cuerpo es depositario de muchas expresiones de desigualdad material y simbólica. La existencia en el mundo de estas individualidades está atravesada por estructuras sociales que extienden o profundizan la desigualdad.        

Ahora bien, con el auge de la política identitaria y de los procesos de individualización propios de la sociedad del mercado y el espectáculo, la expresión “lo personal es político” se ha ido vaciando de sentido al punto de convertirse en consigna que refuerza el narcisismo de las redes sociales, el testimonio personal convertido en contenido, el yo como producto del espectáculo. En esta acepción lo que importa no es tanto cómo la experiencia vital está signada por hechos sociales, si no la narración puramente biográfica. Lo que antes era reflexión íntima en relación con el mundo deviene ahora en espectáculo y exposición ególatra.

Cierta interpretación de la política identitaria asume a cada individuo como una entidad política en sí misma. Las prácticas personales son, al interior de la sociedad de mercado, expresión de lo político. El problema con esta interpretación es la exaltación de lo personal en detrimento de la formación de subjetividades colectivas. El individuo, pensado como elemento aislado, es un sujeto despolitizado. La política aparece siempre con y en relación con los otros. Ningún ser humano es político si se piensa como partícula aislada.

Entender la popular frase de esta manera hace más difícil la organización política en democracia. Las identidades políticas, las colectividades, necesitan sujetos que estén pensando sus experiencias vitales en relación con las estructuras sociales y con los demás. Los movimientos de mujeres, de trabajadores, de estudiantes y demás expresiones de acción colectiva no se fortalecen bajo la perspectiva de que las vivencias individuales son políticas en sí mismas. Cuando la política queda reducida a la narración del yo, la experiencia individual deja de ser una puerta hacia lo colectivo y se convierte simplemente en contenido para el mercado de las redes sociales.  

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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