La historia de la política y del poder está llena de conspiraciones. En Colombia podríamos estar incubando alguna y es mejor prevenir que curar, así nos traten de alarmistas.
Hace veinte días publiqué aquí una columna titulada Tranquilos goditos: Cepeda no va a ganar. Hoy vuelvo sobre el tema: ¿qué hay de nuevo? De fondo, poco; de forma mucho. Pero en un país cortoplacista, de escándalos, la forma termina por devorar el fondo.
Con cada nueva encuesta sobre elecciones aumenta la preocupación en la derecha por derrotar, “como sea”, a Iván Cepeda. Pese a la zozobra y contrario a lo que indican las encuestas publicadas esta semana, lo van a lograr.
Para ello, ciertos sectores guerreristas de derecha están dispuestos a “combinar todas las formas de lucha”, desde los sondeos, pasando por las más burdas estrategias políticas, hasta promover, directa o indirectamente, otro magnicidio que conmocione a toda la nación, como el de Miguel Uribe Turbay, que fue perpetrado, según todo apunta, por las infames disidencias de las Farc y no por la propia derecha, como irresponsablemente afirman algunos.
Con las encuestas alimentan los sesgos y el temor de que Cepeda nos convierta en un país comunista, aun cuando a lo largo de su vida política ha dado pruebas de su respeto por la democracia.
Hasta que no se depuren los candidatos, a partir de las consultas del próximo domingo, cualquier sondeo sigue siendo demasiado especulativo, dado que no se puede comparar el peso de una figura consolidada en la izquierda, como Cepeda, con una derecha tan fragmentada, entre candidatos independientes y los nueve que hacen parte de la Gran Consulta por Colombia. Salvo una sorpresa mayúscula –que no creo que se dé– todos terminarán, sino unidos, por lo menos articulados para derrotar al enemigo común: el fantasma castrochavista que encarnan, según ellos, Petro y su sucesor Cepeda.
Como si fuera poco, contarán para la segunda vuelta con casi todos los votantes del centro, que si no salen a votar por Abelardo de la Espriella o por Paloma Valencia –el que pase–, prefieren abstenerse que darle el voto a Cepeda. El centro en Colombia es, casi todo, una derecha tibia, pero derecha al fin.
Las hipótesis de trabas legales por parte de las autoridades públicas, el fraude electoral, e, incluso, la de un magnicidio, siempre las he considerado posibles, pero no las abordé en la citada columna por no ser alarmista, y, sobre todo, porque pensé que no las iban a necesitar. Pero hoy, forzado por hechos como las nuevas encuestas y las denuncias de posibles atentados por parte de los candidatos, entre ellos Paloma Valencia, me siento obligado a actualizarla.
¿Por qué planteo la hipótesis de un intento de magnicidio de parte de algún sector de la derecha guerrerista en este momento? Primero, porque se siente agobiada por la favorabilidad de Cepeda y Petro en las encuestas. Segundo, porque, aunque el resultado sería el mismo, la derecha está más interesada en que Petro y Cepeda pierdan que en ganar ellos, por lo cual solo hablan de destrucción y catástrofe. Tercero, y más importante, porque no solo derrotaría a la izquierda, sino que, además, la eclipsaría por décadas.
La derecha unida no tiene pierde en Colombia y menos cuando se le suma el centro, pero está tan enceguecida por el odio y la ignorancia, que no se lo creen ni ellos mismos.
¿Quién podría ser el blanco de un atentado, real o simulado? Obviamente no sería Cepeda. Necesitan un mártir bien representativo para desatar la indignación general: uribista purasangre y mujer, preferiblemente. Tal vez no hasta matarla, pero sí para la coartada. La tormenta perfecta para el elector colombiano y para nuestros medios tradicionales, casi todos conservadores.
En un clima así, la solución se les hace fácil: “el que diga Uribe”. Y volvemos a empezar para nunca acabar nuestra espiral de violencia.
Como lo expuse en la columna anterior, la derecha colombiana tiene tantas ventajas y la izquierda tantas limitaciones que no requiere hacer política sucia ni menos conspiraciones para ganar unas elecciones.
Con unirse tienen, pero su orfandad de poder los tiene más divididos que nunca y por eso nos quieren dividir para siempre. Tienen tiempo de recapacitar y no polarizar más.
Espero que todo sea un mal presagio y nuevamente estar equivocado, para no seguir condenados a repetir la historia.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/pablo-munera/