Nos pasa a todos. Errare humanum est. Y, si nos ponemos bíblicos, el periodista que no se haya equivocado, que lance la primera piedra. Así que el problema no es que un reportero o un medio se equivoque, el problema es que se mantenga en el error. Que persista en él, que se atrinchere en aclaraciones que oscurecen.
Estos días han estado colmados de ejemplos.
A veces es pura cuestión de afanes, de creer que contarlo primero es lo mismo que contarlo bien.
Empecemos con un ejemplo viral: la vuelta de Diana Ospina a su hogar luego de casi dos días desaparecida. La noticia de su desaparición a la salida de una discoteca tuvo amplia cobertura. A su regreso a casa la esperaban sus amigos y familiares, además del teléfono celular en alto, con la cámara encendida, de Melquisedec Torres, abogado que funge de reportero a veces, opinador tantas más.
«¡Qué mal que filmes!», le dice ella. Se ríe el hombre. «Tranquila —le responde—. Lo importante es que estás bien», le replica sin dejar de grabar. Luego publica el video y destina un par de trinos a explicar —a tratar de convencer a quienes le cuestionan o a él mismo— porque le pareció bien haber publicado aquello que una víctima le pidió explícitamente no grabar.
Se los resumo si no lo vieron: fueron puras leguleyadas con viñetas. Que es de interés público, que fue en un lugar público… La petición de la víctima no se tuvo en cuenta por parte del periodismo. Para qué, supongo que pudo pensar el señor Torres, si él tenía la exclusiva.
A veces es pura cuestión de sesgo, de mirar cómo se le da vuelta a una historia para que diga lo que el periodista (o el director o el dueño del medio) quiere que diga, cual de los hechos se acomoda mejor al relato que le sirve más al propio sesgo. Recuerdo un caso particular: el enfoque que le dio el diario El Colombiano al resultado de la consulta del Pacto Histórico en octubre de 2025: mientras otros medios y analistas reconocían la importancia de la cantidad de votos alcanzados por el candidato Iván Cepeda en aquella primaria celebrada en un momento “frío” electoralmente, el diario decidió titular: Consulta del Pacto Histórico: votó el 6,8 de los colombianos, demeritando el logro.
En otras ocasiones el problema está en la ligereza con la que se llegan a conclusiones y el rigor con el que se confirman los hallazgos, que es tan importante como el que se destina a la investigación.
Le acaba de pasar a La Silla Vacía. Desde la publicación de su informe Mención de Iván Cepeda en computador de las Farc no fue un montaje, algunos vimos en el extenso artículo algunos bemoles y problemas. La investigadora y columnista Olga L. González hizo un muy buen trabajo de análisis que publica la propia Silla: Por qué creo que La Silla se equivocó con Iván Cepeda, donde expone casi todos los asuntos complicados con esa nota.
Dejó, sin embargo, uno por fuera: la afirmación que hizo la periodista Jineth Prieto —autora del artículo en cuestión— sobre otros medios de comunicación: «…Agencia de Prensa Rural, Kaos o Rebelión, todos medios orgánicos a las Farc…»
Por lo menos uno de esos medios, Prensa Rural, solicitó una rectificación. El medio se sostuvo: «La Silla Vacía considera que su afirmación sobre que Prensa Rural fue un medio orgánico a las Farc mientras esa organización estuvo en armas hace una década, está plenamente sustentada».
No lo creyeron así otros medios que hacen parte de La Liga Contra el Silencio y que apoyaron la investigación de La Silla Vacía, para quienes tal sustentación plena no es tan evidente, como lo dejaron claro en su comunicado de disculpas: «Consideramos que dicha aseveración de La Silla Vacía, que no está sustentada en el texto publicado el domingo, hace una calificación absoluta a tres medios de comunicación como si se estuviera profiriendo una sentencia o un fallo judicial, no una investigación periodística».
Entre esos medios están Baudó Agencia Pública, 070, Cuestión Pública, De la Urbe, Mutante y Universo Centro, entre otros, que publicaron el comunicado en sus redes sociales.
La Silla, por supuesto, no lo hizo.
Lo dije al inicio: errar es de humanos, nos pasa a todos. Pero persistir en el error es tontería… o malevolencia.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/