La histeria que ha desatado Iván Cepeda en amplios sectores de la derecha colombiana —tanto en la reconocida como en la agazapada en el centro— es desproporcionada. La consigna de detenerlo “como sea” y “con quien sea”, incluso con una figura peligrosa como Abelardo de la Espriella, revela más pánico que análisis. Más allá del miedo, un examen serio de las condiciones políticas actuales nos lleva a una conclusión contraintuitiva: Cepeda no va a ganar.
Esta certeza no nace solo de la última encuesta de AtlasIntel, publicada este fin de semana, en la cual De la Espriella superaría a Cepeda en primera vuelta (32,1% vs. 31,4%) y en segunda le ganaría con 36,8% sobre 34,6%. Surge de una lectura estructural de las ventajas de la derecha y las dificultades intrínsecas de la izquierda. Veamos.
Ventajas de la derecha
La derecha ha hecho casi todo mal en los últimos años y, aun así, sigue teniendo todas las de ganar. Somos un país demasiado conservador: godo, como pocos. No me voy a detener en sus yerros –que serán objeto de otra columna– sino en las fortalezas y oportunidades para “parar a Cepeda”, que es su obsesión.
· La derecha colombiana sigue siendo mayoría. Cuando están unidos son prácticamente invencibles. Si perdieron en 2022 fue porque estaban divididos y no llegaron con candidato propio a la segunda vuelta. Rodolfo Hernández, al que tuvieron que adherir, les generaba tantas dudas y temores, que por eso algunos votaron por Petro. Todo eso fue capitalizado por Petro, que además estaba montado en la ola progresista que cabalgaba en Occidente.
· A diferencia de esa época de Rodolfo, la derecha del país, contrario al refrán, prefiere ahora al bueno por conocer, que al malo conocido, en este caso al excéntrico Abelardo de la Espriella antes que al sucesor de Petro, porque creen que sería su monigote y peor presidente todavía. No se han percatado de que Cepeda tiene el carácter suficiente para no ser ni el títere ni el mandadero de nadie.
· Ahora hay una diáspora de candidatos que se irán decantando con las consultas. Seguramente, una vez pase el agite de estas elecciones primarias, algunos se alinearán en torno a un candidato único, porque estoy convencido de que aprendieron la lección de hace cuatro años. Promoverán algo similar a lo que hicieron en Medellín hace dos años: todos con Fico y contra Quintero.
· De hecho, el prematuro apoyo de Federico Gutiérrez (“Fico”) a De la Espriella, sin escrúpulos por las relaciones del candidato, debe haber contado con la aquiescencia de empresarios como Manuel Santiago Mejía –al que no le pelechó Juan Carlos Pinzón– y del propio Álvaro Uribe, a quien sigue respetando y admirando, aunque él no sea del Centro Democrático.
· Así como en vísperas de las elecciones pasadas había vientos favorables a los proyectos progresistas, el clima político mundial del momento, empezando por países tradicionalmente demócratas y los mismos jóvenes, está a favor de gobiernos de ultra derecha y reaccionarios.
· Por ser mayoría, por toda la papaya que le ha dado este gobierno y para mantener sus privilegios, la derecha no necesita de un candidato muy refinado. Basta con que prometa acabar con el “socialismo del siglo XXI” y el “castrochavismo”, que, según ellos, encarnan Petro y Cepeda.
· La mayoría de instituciones tradicionales, como los gremios y casi toda la prensa colombiana, son pro establecimiento, por lo cual comparten los ideales, temores y hasta entelequias de la derecha, como el mito del libre mercado, al que ahora el propio Trump ha desenmascarado, mostrando su mano visible, con aranceles por doquier.
Límites de la izquierda
Por supuesto que un candidato del gobierno oficialista tiene las ventajas del respaldo político y económico del gobierno de turno cuando busca continuidad. Sin embargo, para lo que aquí nos interesa, nos centraremos en sus debilidades y amenazas.
· Cepeda no es el candidato de Petro, por razones expuestas en mi columna anterior. Lo necesita, pero no es su elegido. Son diferentes, incluso ideológicamente: Petro es más un progresista y Cepeda sí es de izquierda radical, pero ni visceral ni extrema, como creen sus detractores.
· Pero Petro lo necesita. Dimensiona que Colombia no va a reelegir su proyecto político, el cual Cepeda comparte y agencia en buena medida; pero sabe también que la primera vuelta será, de alguna manera, un plebiscito sobre su gobierno. No pasar a segunda vuelta o que les ganen desde la primera sería una catástrofe; pasar raspado sería una derrota. Necesitan una votación alta para terminar su gobierno con dignidad y mantener vivo su proyecto político desde el Congreso.
· No todos los petristas son cepedistas. Aun así, Petro apuesta por Cepeda porque este cuenta con el respaldo de la izquierda ideológica de este país y con parte del progresismo, que suman entre el 25 y el 35% de los votantes, como lo muestran las encuestas. Ese es su techo político. Lo demás será lo que le pueda aportar el gobierno en maquinaria política y recursos, pero parte de ello lo va a absorber en gran medida Roy Barreras en la consulta del Frente por la Vida.
· Cepeda, además, tiene muy poco voto de opinión por dos razones: 1) está muy estigmatizado por el país conservador, que es la mayoría; y 2) es demasiado serio y racional en campaña, poco emociona: “mal candidato” para la cultura política colombiana.
Más allá de Cepeda y de las encuestas
Con este escenario, ¿por qué persiste el miedo a Cepeda? En parte, por el espejismo de las encuestas.
Este panorama, que veo claro desde la irrupción de De la Espriella, se ve eclipsado por los sondeos. Está bien que midan al más del centenar de candidatos que había al principio y a la treintena que aún persiste. No obstante, cualquier análisis político serio nos llevaría a concluir que, más allá de los nombres (Cepeda, Roy, Quintero, De la Espriella, Paloma, Vicky, etc.), la pregunta principal era si la gente elegiría al candidato de la izquierda, al de derecha o al del centro. Ese es el verdadero pulso.
Dado que la tendencia se estabiliza y profundiza entre Cepeda-De la Espriella, y que el primero no va a quedar, no debemos resignarnos al “mal menor”. “El tigre”, el “destripador” está seriamente cuestionado por sus relaciones personales y empresariales, empezando por Alex Saab, supuesto socio y testaferro de Maduro.
Si algún pudor le queda a la derecha colombiana y a los colombianos que se dicen de bien es no seguir ganando elecciones “como sea” y con “quien sea”. Más allá del ruido de las encuestas, la opción más decente y sensata para Colombia frente a este panorama es Sergio Fajardo. Con sus defectos y virtudes, ha demostrado capacidad de gestión, disciplina, carácter –hasta para ser “tibio”– y manejo transparente de los recursos. ¿No es eso lo que estamos buscando? ¿Será que es hora de que la derecha gire hacia el centro?
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/pablo-munera/