Abelardo, de la Esperanza

Abelardo de la Espriella representa una esperanza para el país, no solo porque sea la opción con más posibilidades para recuperar a Colombia de la senda socialista, sino porque despertó algo que llevaba mucho tiempo dormido en la derecha: orgullo propio.

Y para vender mis productos no tengo que hablar mal de los del lado, en la consulta hay grandes candidatos como Paloma Valencia, clave en su oposición en el Senado para frenar proyectos de Petro como la consulta popular; o Pinzón con su bagaje académico y profesional; o como Peñalosa, una máquina de ejecutar que hizo realidad los proyectos que hacen ver a Bogotá como una ciudad. Son excelentes personas que espero que confluyan pronto en la misma candidatura que enfrentará al chavismo criollo.

Pero mi teoría es que a ellos les falta algo: orgullo por su posición política. Y no es que partan de algo descabellado, los entiendo. Por ejemplo, para Uribe, siempre ha sido clave asegurar el triunfo electoral corriendo la derecha hacia el centro, para conquistar un público mayor, y funcionó con Duque. Pero ahí viene el problema, esa estrategia se ha convertido en una cobija que, por taparse la cara, descobija los pies.

Y la política consiste en construir mayorías ampliando el espectro propio, sí, pero también es, contrario a lo que muchos novatos piensan, el arte de movilizar a los convencidos. Y eso es lo grandioso que hace Abelardo, inspira y motiva a una derecha que se había visto resignada a posar de centrista, como con un aura de vergüenza propia que a nadie moviliza.

De hecho, toda la avalancha mediática en su contra solo reafirma esto, sus contendores también se dieron cuenta de lo que Abelardo puede llegar a ser, e intentan frenarlo a toda costa.  Lo hacen con críticas a su riqueza, un problema del “pobrecismo” colombiano que tenemos que erradicar de nuestra cultura; críticas por haber defendido criminales, como si una base de la civilización occidental no fuese que hasta los peores bandidos tienen derechos y necesitan un abogado; o críticas a que defienda su buen nombre del periodismo, un derecho irrenunciable de todos los ciudadanos.

La derecha se enfrenta en estas elecciones a elegir entre dos tesis contrapuestas, ambas con sentido, buenos argumentos y evidencias. La que argumenta que necesitamos ser moderados para ganar con el centro; o la que cree que solo habrá una movilización real en las urnas con alguien que represente nuestros valores sin ambages. Me decanto por la segunda, y por eso, Abelardo de la Espriella me da esperanza que Colombia no será el último refugio del fracasado socialismo latinoamericano.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/jose-valencia/

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