Respirar

“Y los muertos

amándonos

desde la memoria

dictando palabra y gesto

Los muertos tan con nosotros

en el alma

estrellas, astros

luz

código, señal”

Hanni Ossott

Respirar, ver el pecho inflarse de aire, empujando oxígeno por la sangre, moviéndose dentro de cada célula, órgano, sistema, hacer que algo esté vivo…un acto tan simple, tan básico e inconsciente que no nos damos cuenta cómo nos da tranquilidad ver a nuestros seres queridos respirando, saber que siguen estando con nosotros, cómo la vida es más que una condición biológica básica, es nuestra red, una forma de medir la existencia.

Oí una canción de Residente, una que le escribió a su hijo, donde dice que nació rápido y despacio, como un astronauta en el espacio, una frase sencilla que muestra cómo una simple respiración empieza todo, mantiene todo en orden y también cambia todo.

 Me di cuenta de eso hace tiempo, con alguien que hace poquito se fue de mi vida: tenía el pelo negro y gris, los ojos cafés, el hocico lleno de canas, sabía pararse en dos patas y pedir el ascensor, me acompañaba aullando cuando tocaba violonchelo y caminábamos por horas. Caminar con él era una forma de intimidad impresionante, en la que, simplemente caminando, sin decirle nada, o sin que él ladrara, aullara o gruñera, sentíamos mucho, pensábamos en un montón de cosas, me sentía acompañado explorando el mundo. Se llamaba Santo, y me acompañó trece años.  

Una vez se enfermó. Le inyectaron suero y yo lo miraba por la noche buscando su respiración. Eso, ese acto tan simple, automático, era una manera de estar tranquilo, de saber que seguía estando conmigo.  Después de recuperarse seguía viéndolo cuando estaba dormido, por si algo pasaba.

Pienso en él, y en respirar como ese acto íntimo que nos hace quienes somos, que le da al cerebro el impulso y la fuerza necesarios para que podamos actuar y ser quienes somos y recuerdo otros hombres que pasaron por mi vida, que me dejaron preguntas que todavía no me contesto, que me marcaron. 

Uno era joven, se estaba quedando calvo, montaba bicicleta, era cinturón negro en taekwondo, era formal, muy servicial, pero siento que fue perdiendo el entusiasmo. Es difícil escribir sobre él. Con él aprendí a moverme tranquilo por esta ciudad de aire gris encerrado entre las montañas. Un día se fue sin que nadie lo esperara. Un tumor crecía en su cerebro, sin que nadie supiera, hasta que tapó todo el aire que le llegaba y dejó de entrar oxígeno a su cuerpo. Vi su cuerpo y esperaba que se levantara, como si estuviera dormido, pero sabía que ya no estaba. Era mi tío Carlos.   

El otro era viejo, vivió en el campo todo el tiempo que pudo, era soñador, crítico, me llevaba a cortar plátanos, a ordeñar cabras y recoger huevos; casi no comía y estaba flaquísimo. Su memoria se derritió y se secó por la demencia, por lo que lo llevamos a un hogar psiquiátrico hasta que agonizó seis días. Lo veíamos respirar, sin abrir los ojos, como una momia inca hasta que su pecho se desinfló por completo. Era mi abuelo Pocho.

Tres vidas completamente distintas, hasta de dos especies diferentes, pero aun así vuelvo a muchos lugares, y creo (aunque no estoy seguro) que eran indiferentes ante su propia muerte, sin importarles que fueran mortales.

Cuando sus respiraciones se agotaron el mundo, mi mundo, mi vida, cambió completamente. Ver morir es sobrevivir a una catástrofe, como un terremoto, un tsunami, en el que después que pasa encuentras a más sobrevivientes de la catástrofe.      

Escribo esto porque no encuentro nada más qué decir, porque trato de hablar con claridad de más temas y entonces vuelve el dolor, los recuerdos, las preguntas que todos los que pasan por mi vida dejan, esos mortales que para mí son eternos.

Escribo esto porque escribir es la mejor manera que tengo de confrontar a la muerte, porque tengo muchas preguntas para los muertos, para mí al ver decisiones de vida, enseñanzas que dejaron. Pienso en el acto de respirar como lo que implica un simple proceso biológico: que ellos hagan parte de mi historia.

2.3/5 - (3 votos)

Compartir

Te podría interesar