Tanqueando con engaños

Esta semana el Gobierno anunció una reducción de 300 pesos en el precio de la gasolina para el mes de febrero. A primera vista, es un respiro necesario para el bolsillo de los colombianos; nadie se queja cuando las cosas bajan de precio. Sin embargo, aunque el alivio es bienvenido, lo verdaderamente preocupante no es el «qué», sino el «porqué» y, sobre todo, el «cómo». Todo apunta a que no estamos ante un milagro económico, sino ante una calculada jugada política.

Es un movimiento maestro en el ajedrez del actual presidente. En plena época electoral, y tras un aumento del salario mínimo sin sustento técnico —una de las decisiones más populistas de su mandato—, esta rebaja en el combustible es la siguiente ficha en el tablero. Es una movida novedosa, sí, pero sospechosamente conveniente.

La primera pregunta que surge es de simple lógica financiera: ¿Cómo logras saldar la deuda del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) y, al mismo tiempo, declararte en emergencia económica por falta de recursos? ¿Es posible alegar durante todo un gobierno que «no hay plata», pero mágicamente encontrar los fondos para cerrar un hueco fiscal que no paraba de crecer por los subsidios al ACPM?

La realidad es que las cifras sobre cómo se logró este saneamiento son inciertas. El silencio oficial es ensordecedor: no hay claridad sobre la fuente de los recursos, ni el método, ni los tiempos. Esta opacidad deja más dudas que certezas.

Las hipótesis son inquietantes. Algunos expertos sugieren que estamos pagando deuda con más deuda, recordando que en los últimos meses el Gobierno ha adquirido obligaciones millonarias en dólares con fuentes externas. Otros señalan algo peor: que el precio interno de la gasolina se había inflado artificialmente muy por encima del precio internacional (se habla de un sobrecosto de hasta 3.000 pesos), y que lo que ahora nos presentan como una «rebaja oportuna» es simplemente dejar de cobrarnos un excedente injustificado.

¿Fue una buena jugada? Políticamente, es brillante. Económicamente, parece una trampa: o estamos tapando un hueco abriendo otro (quizás con peores intereses), o simplemente nos están devolviendo migajas de lo que nos cobraron de más durante meses.

Surgen más interrogantes: ¿Por qué ahora, justo en año electoral, descubrimos que el precio no debía estar tan alto? ¿Quién responde por la economía de los meses pasados si, en efecto, teníamos el precio inflado innecesariamente? Para mí, esto es solo una estrategia más para darnos lo que queremos escuchar hoy, sin importar la factura que pagaremos mañana.

La economía y la política son una mezcla explosiva en tiempos de elecciones. Paradójicamente, aunque muchos subestiman al presidente, él ha demostrado ser un estratega hábil que sabe mover las masas a su antojo. Es fácil caer en la confusión y comprar el discurso de que el país está mejor que nunca: dólar bajo, desempleo a la baja, precios estabilizándose, salario alto y ahora, gasolina barata.

Pero no nos engañemos. Corremos un alto riesgo de que esta «bonanza» sea una ilusión momentánea, una lectura cortoplacista y superficial de la realidad. Como colombianos, a menudo priorizamos el bienestar inmediato, el consumo de hoy, ignorando que el futuro se vuelve costoso.

La deuda está ahí. Es históricamente una de las más altas para un gobierno de cuatro años y, con seguridad, hipotecará a las administraciones futuras. Quien llegue al poder conocerá el verdadero costo de la fiesta de hoy y deseará poder retroceder el tiempo. El truco está en no dejarse deslumbrar: quien te dice solo lo que quieres escuchar, rara vez te está diciendo la verdad y, peor aún, rara vez está pensando en tu bienestar a largo plazo.

Lo cierto es que ninguna explicación técnica apunta a que esta rebaja sea una «buena noticia» estructural. O es oportunismo político, o es un saneamiento fiscal ficticio («deuda por deuda»).

Ojalá leamos entre líneas, profundicemos y seamos críticos. Debemos entender el por qué detrás del titular. De lo contrario, posiblemente solo estemos llenando el tanque con engaños que, con toda seguridad, nos dejarán varados a dos cuadras de la gasolinera.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/carolina-arrieta/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar