Alguna vez un periodista dijo que “las buenas noticias no son noticia” y, desde una óptica comercial, tiene mucha razón. Consumimos desastres, tragedias y nos interesan los crímenes mucho más que los nacimientos y la bondad. Como no soy periodista, sino un mero opinador, evitaré en esta columna referirme a las más recientes noticias que son muchas y tremendas, además. Seguro en este y otros medios podrán encontrar información y reflexiones sobre la masacre que, con indiferencia de medios, feministas y gobiernos, ejecuta la dictadura teocrática de Irán; sobre las amenazas de Trump al presidente de la Reserva Federal, Groenlandia, a Cuba y a México o sobre el asesinato de una mujer en Minneapolis a manos de los bárbaros de ICE. A sabiendas de que me expongo a la irrelevancia y a perder lectores, esta primera columna de 2026 se referirá solo a sucesos positivos. Es, si se quiere, un acto de resistencia.
Hablando de resistencia, se aprobó esta semana, después de 25 años de negociaciones, un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur. Veinte y siete países del viejo continente y cuatro de América latina con casi setecientos millones de personas en total. En el mar bravo de los aranceles, este tratado significa una gran posibilidad de conectar economías, aprovechar capacidades y, sobre todo, de cimentar relaciones entre gobiernos muy diferentes. Piensen en Lula, Milei, Sánchez, Meloni y Merz conectando sus economías y fortaleciendo un espacio de encuentro y de búsqueda de objetivos comunes. Montesquieu, Kant, Hume y Smith relacionaban el comercio con la moderación, la cooperación, la prevalencia de la palabra y la paz. Es momento de celebrar las conexiones y las búsquedas conjuntas alrededor de tratados multilaterales.
Sigo con la resistencia. Esta semana la invasión rusa a Ucrania cumplió mil cuatrocientos diez y ocho días. Eso quiere decir que “la operación especial del tres días” que lanzó Putin para erradicar los “nazis de Kiev” ya es más larga que la confrontación de la Unión Soviética contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Ni la invasión ni la guerra son buenas noticias per se, pero lo que definitivamente hay que resaltar y aplaudir es la valerosa defensa de los ucranianos. Que una democracia pueda resistir la agresión sostenida de una dictadura que es potencia nuclear y que tiene uno de los ejércitos más grandes del mundo es, sin la menor duda, una buena noticia. En el actual desorden mundial, en donde la fuerza y la agresividad quieren remplazar el sistema multilateral, Ucrania es un bastión de defensa de la democracia y una oportunidad y un llamado urgente a la Unión Europea para asumir la responsabilidad del apoyo y la defensa de esta en el continente.
En Colombia la buena noticia proviene del turismo. La presidente de ProColombia, Carmen Caballero, en un documento del Foro Económico Mundial de finales del año pasado, reconoce los avances de nuestro país en ese tema. Además de los impresionantes números de visitantes en los últimos años (más de siete millones por año) el país ha sido líder en segmentos de turismo cada vez más populares a nivel mundial y que aprovechan nuestras ventajas y transforman desventajas y retos en oportunidades. Es el caso del turismo “humanimal” pues a nuestro país migran más de quinientas treinta especies cada año y en el 2025 nos visitaron más de sesenta mil viajeros interesados en temas científicos, de sostenibilidad o simplemente estéticos. La gran mayoría de los operadores nacionales que los atendieron son microempresas familiares y organizaciones sociales con arraigo local. La buena noticia para el país no es solo económica (1.3 millones de empleos y 5.1% del PIB representa el sector), sino que el flujo constante de millones de visitantes también conecta a millones de colombianos con otras ideas, culturas y religiones que, a la vez, enriquecen e impulsan una visión más amplia de humanidad.
Mi última buena noticia es de Chile y su pasada elección presidencial. No por el resultado que dio como ganador a José Antonio Kast, sino por el proceso electoral, por la robustez de sus instituciones y, sobre todo, por la transición fluida y de altura que le han dado los actores políticos. Después de un estallido social violento y de dos procesos constituyentes fallidos, los chilenos han demostrado madurez democrática. En este momento en que el juego electoral se ha convertido en un todo o nada, entre el cielo y el infierno, es muy importante que una sociedad y un sistema como el chileno demuestren que la democracia es valiosa y se debe proteger y fortalecer no solo cuando se gana. “La democracia se cuida en cada momento” dice el presidente saliente Gabriel Boric cuando le preguntan por las reuniones con el nuevo presidente, su gran contradictor. Me niego a aceptar que la rencilla a muerte de pequeños operadores electorales sea la política. Hay mucho que aprender de Chile.
En este espiral endemoniado de agresiones, violaciones y ausencia de consensos hay que insistir en construir pisos comunes y resaltar a quienes lo hacen. Un feliz 2026 para todos los lectores de No apto.
Otros escritos de este auto: https://noapto.co/santiago-londono/