26 claves de la primera elección de 2026

Las elecciones del 8 de marzo dejaron algo más que resultados electorales. Dibujaron un mapa político bastante claro sobre cómo está distribuido hoy el poder en Colombia. Las consultas presidenciales definieron liderazgos y el Senado confirmó qué fuerzas políticas realmente tienen músculo electoral. Si se mira el panorama completo, las conclusiones son contundentes.

Las consultas presidenciales: sorpresas y confirmaciones

  1. La primera gran sorpresa de la jornada fue la votación de Juan Daniel Oviedo. Su desempeño rompió los pronósticos y lo convirtió en uno de los nombres inesperados de la elección. No se trata solo de un resultado puntual: demuestra que existe un electorado dispuesto a respaldar nuevas figuras que eleven la altura del debate público en la contienda electoral.
  1. En la centroderecha, la gran ganadora fue Paloma Valencia. Su votación no solo la consolidó como candidata presidencial de ese sector, sino que la posiciona como el principal referente político de esa orilla ideológica.
  1. Pero conviene bajar los ánimos, aterrizar las emociones y reconocer un hecho evidente: sin Paloma Valencia en la Gran Consulta, la votación alcanzada habría sido notablemente menor, al punto de volverse irrelevante. No solo por los 3.2M de votos que alcanzó, sino por la visibilidad que le dio. Sin Valencia, esa consulta habría estado más cerca de una elección de personeros estudiantiles que de una verdadera competencia presidencial.
  1. Otro dato revelador es la diferencia entre la votación de Paloma Valencia y la del Pacto Histórico al Senado. La lista del oficialismo obtuvo millones de votos más que los alcanzados por su candidata en la consulta, lo que evidencia que el petrismo cuenta con una base electoral mucho más amplia que la que puede expresar una sola candidatura.
  1. Para la derecha, la conclusión es evidente: si quiere competir con posibilidades reales en la presidencial, tendrá que construir una fórmula plural que le permita acercarse a sectores de centro que hoy no están alineados con ese bloque. Incluso, a una parte de la centroizquierda que hoy mantiene una posición crítica frente al Gobierno.

Las otras “Consultas”:

  1. En contraste, la simulación de consulta de Claudia López no logró una votación suficiente para disputarle el liderazgo a Sergio Fajardo dentro del espectro de centro. El resultado deja claro que su aspiración presidencial no logró despegar con la fuerza que esperaba. Esa votación, en la práctica, apenas le alcanza para negociar una adhesión a campañas que ella misma ha criticado con insistencia, como la de Iván Cepeda o la de Paloma Valencia.
  1. En el plano de las maquinarias, los resultados también dejaron lecciones. Roy Barreras no logró demostrar la fuerza política que durante años se le atribuyó, mientras que Daniel Quintero, incluso con sus problemas judiciales, consiguió aumentar su votación frente a la consulta anterior.
  1. Pero el dato más contundente es otro: Iván Cepeda aparece hoy como el candidato más viable para disputar la Presidencia con una izquierda consolidada.

Así las cosas:

  1. Si el escenario se mantiene como está hoy, la primera vuelta podría convertirse desde ya en una especie de segunda vuelta anticipada: Paloma Valencia contra Iván Cepeda.
  1. Esto conduce a una conclusión incómoda para algunos sectores: candidaturas como las de Sergio Fajardo, Claudia López o Abelardo de la Espriella hoy terminan funcionando más como factores de fragmentación que como opciones reales de poder.
  1. Mientras tanto, el contraste entre bloques políticos es evidente: la izquierda llega cohesionada, el centro está perdido y la derecha sigue fragmentada, con la obligación política de unirse y ampliar su alcance si quiere competir con éxito.

El Senado: la verdadera medida del poder político

  1. La primera conclusión es contundente: ni con Álvaro Uribe en la lista del Centro Democrático ni con toda la derecha en modo oposición fue suficiente para ampliar significativamente su presencia en el Senado. Uribe figuraba como número 25 en la lista de su partido, y aun así los únicos que alcanzaron 25 curules fueron los del Pacto Histórico.
  1. Lejos de mostrar desgaste tras cuatro años de gobierno, la izquierda parece haber consolidado su base electoral. En los principales departamentos del país —Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca— el Pacto Histórico aumentó su votación en más de 100.000 votos frente a la elección anterior. En Bogotá y Valle incluso superó los 200.000 votos adicionales. En términos nacionales, el crecimiento fue aún más evidente: 1,4 millones de votos más que en 2022, algo que muchos sectores de la derecha consideraban improbable.
  1. Por su parte, Daniel Briceño obtuvo la votación más alta a la Cámara de Representantes tanto en Bogotá como a nivel nacional, consolidando su liderazgo dentro del Centro Democrático. Su resultado, además, logró arrastrar una lista que sin su presencia habría tenido muchas más dificultades para competir.
  1. También vale la pena destacar las votaciones alcanzadas por figuras independientes como Jennifer Pedraza al Senado y Cathy Juvinao a la Cámara por Bogotá. Ambas han mantenido una posición independiente y crítica frente a las decisiones del Gobierno Nacional, demostrando que es posible ejercer una oposición seria y un control político riguroso sin caer en la estridencia ni en la polarización.
  1. Más allá de los partidos protagonistas de la jornada, dentro de los partidos tradicionales también se impusieron los sectores más cercanos al petrismo. En el Partido Liberal y en los Verdes prevalecieron las maquinarias políticas tradicionales, algunas ampliamente cuestionadas y cercanas al Gobierno Petro, como la de Julián Bedoya, que logró elegir senadora.
  1. Mientras tanto, figuras como Juan Carlos Lozada y Alejandro Chacón, críticos del manejo político de César Gaviria dentro del liberalismo, no lograron reelegirse.

Los quemados y los reelegidos: Las elecciones también dejaron una larga lista de derrotados que, para muchos, terminan siendo buenas noticias.

  1. No lograron pasar el umbral figuras impresentables como Miguel Polo Polo, Richard Aguilar, Lina María Garrido, María Paz Gaviria o Jorge Enrique Robledo.
  1. El fenómeno en redes de los “Pechy Players” y algunos influencers como Felipe Saruma volvió a demostrar algo que muchos prefieren ignorar: ser tendencia en redes sociales no equivale a tener votos en las urnas.
  1. También se quedaron por fuera la influencer “Miss Bala”, cuya campaña giró alrededor de un discurso abiertamente violento, y León Fredy Muñoz, cercano y cómplice político del prófugo Carlos Ramón González.
  1. Una de las derrotas más significativas fue la desaparición electoral del Partido Comunes y, dentro de ese resultado, la derrota de Sandra Ramírez, exintegrante de las FARC.
  1. Sin embargo, no todas las noticias fueron positivas. También lograron reelegirse congresistas ampliamente cuestionados, como Wadith Manzur, implicado en el escándalo de corrupción de la Unidad de Gestión del Riesgo, y David Racero, figura polémica del Pacto Histórico. La política colombiana, una vez más, combina renovación con la persistencia de viejas prácticas.

¿Volvió el bipartidismo?

  1. Quizá la pregunta más interesante que deja esta elección es si Colombia está regresando, de alguna forma, a un esquema cercano al bipartidismo. Los resultados parecen sugerirlo. En 2022, la diferencia entre el primer partido más votado y el tercero era inferior a 900.000 votos. Hoy, la distancia entre el primero y el tercero se acerca a dos millones de votos, ampliándose aún más frente al resto de las listas.
  1. Ese crecimiento en la brecha no es solo un dato estadístico: revela un proceso de concentración del voto en dos grandes polos políticos. Mientras otras fuerzas pierden peso relativo o se fragmentan, dos bloques empiezan a consolidar una base electoral claramente superior. Por eso, más que un sistema fragmentado como el que caracterizó a la política colombiana durante las últimas décadas, lo que empieza a perfilarse es una competencia cada vez más definida entre dos grandes bloques políticos: el Pacto Histórico y el Centro Democrático.
  2. Y hay otra conclusión inevitable: el antipetrismo no logró convertirse en una fuerza electoral suficiente para ganar elecciones. Durante cuatro años, buena parte de la oposición se dedicó a hablar del “santismo” o del “petro-santísimo”. Pero mientras ese debate ocupaba la conversación pública, el petrismo seguía gobernando… y ahora acaba de conseguir 25 curules en el Senado.
  1. La elección dejó una lección incómoda para la oposición: el antipetrismo puede ser tendencia en el debate público, pero hasta ahora no ha demostrado que pueda dominar las urnas. Muchos pasaron cuatro años hablando de Petro; el petrismo, en cambio, pasó cuatro años organizándose para ganar elecciones. Y los resultados están a la vista.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-carlos-bolivar/

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