2026: las mujeres en el hipocentro de la política

Apenas van quince días de 2026 y ya tenemos un caudal de noticias que demandarán tiempo, análisis y comprensión. El vértigo informativo parece no dar tregua, pero en medio de esa avalancha hay un hilo conductor que merece ser subrayado: el protagonismo de las mujeres en la política y en las luchas sociales.

En Venezuela, dos figuras femeninas marcan el pulso de la coyuntura. Delcy Rodríguez, desde el poder, despliega una estrategia de continuidad y control institucional; María Corina Machado, desde la oposición, insiste en la narrativa de ruptura y cambio. Dos estilos distintos, dos formas de encarnar la política, que sin embargo coinciden en mostrar que el tablero venezolano ya no puede pensarse sin la presencia decisiva de las mujeres.

En Irán, la llamada revolución feminista es quizá uno de los procesos más complejos y valientes de nuestro tiempo. Mujeres que desafían leyes teocráticas, que arriesgan su vida por derechos básicos, que transforman el dolor en resistencia. Allí, el protagonismo femenino no es un gesto simbólico, sino la fuerza que sostiene la posibilidad misma de la vida.

En España, el caso de Julio Iglesias volvió a abrir el debate sobre poder, fama y violencia. Dos mujeres, exempleadas del artista, denunciaron ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional hechos ocurridos en 2021 que incluyen agresión sexual y trata de seres humanos. El que parecía intocable es cuestionado por la valentía de quienes, juntas, decidieron denunciarlo y desenmascararlo. Este episodio recuerda que el protagonismo femenino también se expresa en la capacidad de romper silencios y enfrentar estructuras de abuso que parecían inamovibles.

En Colombia, la presencia de mujeres se hace sentir tanto en las elecciones al Congreso como en la contienda presidencial. Destaca la figura de María Ángela Holguín, quien públicamente se sumó al equipo de Sergio Fajardo. Su aporte no es menor: conocimiento profundo de las relaciones internacionales, experiencia diplomática y una serenidad que contrasta con la crispación del debate político. Su presencia en la campaña es un recordatorio de que la política también necesita voces capaces de tender puentes y aportar perspectiva global.

Ahora bien, conviene subrayar algo esencial: no por ser mujer se es mejor ser humano y, por lo tanto, mejor político. La condición femenina no garantiza virtud ni superioridad moral. Lo que sí es cierto es que las mujeres seguimos luchando por espacios de poder y en muchos casos —como en Irán o España— incluso por la vida y la dignidad. Esa lucha no se detendrá, porque nuestra participación es ya irreversible y necesaria para comprender y transformar el tiempo que vivimos.

El inicio de 2026 nos recuerda que el análisis político no puede seguir siendo ciego al género. Las mujeres no somos un apéndice de la historia. Y aunque nuestra lucha ha sido ardua —por espacios de poder, por la vida y por la dignidad— hoy se vive también con esperanza. Cada voz que se alza, cada candidatura que se abre paso, cada denuncia que rompe el silencio nos acerca a un horizonte donde la participación femenina no será excepcional, sino parte natural de la vida pública. 

Ese horizonte no está garantizado, pero sí está en construcción. Y lo más esperanzador es que ya no se trata de un sueño aislado: cada una es el principio de terremotos que, poco a poco, cambian la geografía política del mundo; esta es una corriente colectiva que avanza, que se multiplica y que, con serenidad y firmeza, seguirá transformando el sentido mismo del poder.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/

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