Pensemos en los niños, pero de verdad, pensemos en los niños.
Desde hace muchísimo tiempo los niños son el caballito de batalla favorito para ponernos a hablar de buenas costumbres. Se habla de los niños buscando protegerlos, ¿Pero protegerlos de qué exactamente?
Desde hace años oímos hablar de defender a los niños de las drogas, del aborto, del comunismo, y claro, de la ideología de género. Lo escuchamos hace diez años con el Proceso de Paz, lo escuchamos hace cuatro años con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia, y la escuchamos ahora por parte del Ministerio de Educación.
Viviane Morales, la nueva ministra, ha declarado que en Colombia hay “una campaña ‘woke’ que ha metido una cantidad de sutiles movimientos para apoderarse de la enseñanza y de la educación de los hijos».
En algunas columnas he hablado de esta visión simplista de qué es ideología de género, una etiqueta despectiva que abarca al feminismo, a la defensa de los derechos de las personas LGTBIQ+, la educación sexual, el reconocimiento de las familias homoparentales o la posibilidad de que un estudiante trans sea llamado por el nombre con el que se identifica.
La mal llamada ideología de género se ha vuelto en un nuevo foco de atención dentro del Ministerio. Además de las declaraciones de Morales, el presidente del Partido Conservador, Efraín Cepeda, dijo tener denuncias de profesores que le preguntaban a los niños si de verdad se sentían su género definido como hombres, que por qué no lo pensaban mejor. Vale la pena señalar que hasta la fecha Cepeda no ha citado casos concretos, por lo que son afirmaciones difíciles de contrastar.
Pero hay que mirar un poco hacia otro lado, a los niños y jóvenes que van al colegio, ¿Cuáles son algunas de las problemáticas más graves que atraviesan?
Desde hace un tiempo pienso en el colegio como un microcosmos de cómo funciona la sociedad. Más allá de las clases el colegio, como espacio de convivencia, muestra una serie de hábitos, creencias e inquietudes acerca del mundo. En los niños se ven reflejadas la cultura y costumbres de sus propias familias, y a su vez implica ser capaz de adaptarse para convivir con sus pares.
Colombia es uno de los países de la OCDE donde el bullying tiene una mayor presencia. En 2018, el 32 % de los estudiantes colombianos afirmó haber sido víctima de acoso escolar al menos algunas veces al mes, frente al 23 % del promedio de la OCDE. Los datos más recientes de PISA, correspondientes a 2022, muestran que la situación ha mejorado, aunque la diferencia persiste: 23 % de las niñas y 25 % de los niños reportaron haber sufrido bullying al menos algunas veces al mes, frente al 20 % y 21 %, respectivamente, en el promedio de los países de la OCDE.
El bullying es visto erróneamente como algo normal, simplemente muchachos resolviendo sus diferencias y aprendiendo a defenderse, en el peor de los casos, pero quizá ahí radica uno de nuestros mayores problemas: hemos aprendido a llamar «normal» a la violencia cuando ocurre frente a nosotros todos los días. A pesar de estos datos registrados, a la Ministra Morales le importa más luchar dentro de la batalla cultural que tanto pregona el nuevo gobierno que atender a problemas tangibles y claros que presenta el sistema educativo.
¿No es más importante pensar que los estudiantes se sientan seguros entre sus iguales a que resistan a los cambios sociales y políticos?, Si en los discursos nos preocupa tanto la presencia de los valores en los niños ¿dónde quedan el respeto, la tolerancia a la diferencia? Y por parte de la Ministra Morales y compañía, ¿Al estar tan preocupados por la moral presente en las aulas de clase no deberían tener la responsabilidad para informarse sobre los términos de los que hablan?
¿Adoctrinados?
Más bien matoneados, esa es la verdadera amenaza, y en eso es que tenemos que pensar.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/miguel-echavarria/