En Prado

Para escuchar leyendo: Adiós a la rama, Ruben Rada.

¿Cómo es que esta ciudad no disfruta más la Avenida La Playa? ¿Cómo es que Medellín sigue con ese afán tóxico y desgastante de construir en las laderas inaccesibles supuestos polos de turismo, vivienda y diversión, mientras deja a Prado en el desgaste y el olvido? Hablemos del centro patrimonial de la ciudad, sin la nostalgia de los zapatos viejos, sino con la ilusión de lo que podemos ser.

Las amplias casonas, las aceras de sombra apacible y arboledas frondosas, las esquinas que cuentan historia, la arquitectura de una majestad de antaño, el alma de una villa que se creía metrópoli. Todo eso se anida en Prado, esperando un impulso nuevo que le devuelva la magia de cuando albergaba sueños de grandeza, y deje atrás el drama de la vivienda irregular que se apiña en inquilinatos que se caen a pedazos.

No hablo de una imagen retórica: Prado es hoy el único barrio patrimonial de Medellín, con 271 casas patrimoniales, de las cuales la Alcaldía es responsable de apenas el 10% como bienes fiscales, y su zona de protección se limita a 71 manzanas. En esas mismas casonas conviven, según reportó El Colombiano, cerca de 7.000 personas que hoy habitan en inquilinatos dentro de antiguas mansiones.

La maravillosa brega que empezó con Salón Prado es una punta de lanza urgente para ese nuevo tiempo. En las calles y carreras de la zona patrimonial se alzan letreros de hoteles y hostales que le oponen su ilusión a la desconfianza que nuestro centro carga hace años. Son iniciativas valiosas que deben ser acompañadas con toda la decisión, no solamente por otros inversionistas privados, sino sobre todo por la Alcaldía y la institucionalidad pública.

La apuesta tiene números que valdría la pena replicar: Salón Prado, montado en la antigua Casa Blanca, implicó una inversión estimada de más de $6.500 millones, la creación de unos 70 empleos directos y 150 indirectos, y se proyectan cerca de 30.000 visitantes al mes. Un caso similar, el del Castillo Prado, les costó a sus propietarios privados cinco años y $2.400 millones en restauración. Son cifras que muestran que la fórmula funciona; lo que falta es que el Distrito la respalde con la misma decisión

Porque me pregunto, ahora que el segundo periodo de gobierno del alcalde Gutiérrez sobrepasa su meridiano: ¿de qué ha servido la declaración de Prado como distrito turístico, gastronómico y patrimonial? ¿Qué ha pasado más allá de la recuperación de algunas fachadas y de preciosos murales que ya se han ido borrando? Porque no conozco mayores acciones; incluso sé de retrocesos. ¿Sabían ustedes que la que fue la casa del expresidente Carlos E. Restrepo, recuperada por la Alcaldía hace casi diez años, ahora es un inquilinato?

Prado necesita una inversión decidida para convertirse en el corazón de un centro que sea sinónimo de vida y serenidad, y ya no de miedo y afán. Necesita una obra contundente que le sane las dos heridas mortales que el metro y la Avenida Oriental le generaron para comunicarse con el resto de la ciudad (soterremos la Oriental, paisanos).

Necesita no solamente espacios de disfrute como el proyecto samario del Parque de los Novios, sino también planes de vivienda para que quienes hoy se agrupan en los inquilinatos tengan una vida digna y el desarrollo pleno de un espacio donde estirarse no sea un lujo.

¿No vamos a hablar de Prado en el POT? ¡Es el centro, carajo! Porque hay que decirlo con todas las letras: Medellín ha sido descrita como la tercera ciudad más densamente poblada del mundo, lo que hace aún más incomprensible que su corazón geográfico —el que en casi todas las ciudad concentra el mayor valor y cuidado— siga relegado.

Yo quiero que los niños del futuro entiendan a Prado con la fortuna que yo tuve: como oasis de brisa y canto de aves entre el afán y el ajetreo de esta Medellín de ambivalencias y su loco afán de dinero.

¡Ánimo!

Posdata: alguien que escribe «Yo quiero que me escuchen cuando hablo y que no me hagan llorar, pero quiero que también todos los niños del mundo tengan todo lo que quiero, pues lo quiero compartir» no puede morir del todo. Gracias, querido Ruben Rada; te despido cantando una rica plena.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/

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