El arte de la guerra de Abelardo

Abelardo de la Espriella no necesitó que Colombia olvidara quién era; necesitó que votara pensando en otra cosa.

Álvaro Forero Tascón (@alvaroforero) en su columna “Volteo de culpas: el reencuadre genial de Abelardo de la Espriella” en El Espectador (@elespectador) sostiene que una de las claves de la victoria de “El Tigre” fue el “volteo de culpas”: convertir vulnerabilidades biográficas (su pasado profesional, su fortuna, sus vínculos y su conversión religiosa) en fortalezas programáticas. De la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) no solo reencuadró sus debilidades (particulares): reencuadró la elección (general).

Sun Tzu en ‘El arte de la guerra’ afirma que el estratega hábil “impone su voluntad al enemigo” y procura la batalla después de haber creado las condiciones para vencer. Esa fue, retrospectivamente, la estrategia central de la campaña: conseguir que la pregunta dejase de ser “¿Abelardo de la Espriella?” y pasara a ser “¿quiere Colombia cuatro años más del proyecto político de Petro (@petrogustavo) y el Pacto Histórico (@PactoCol)?”.

Carlos Suárez (@carlossuarezr), estratega de De la Espriella, lo explicó sin demasiado misterio: su método consistió en escuchar digitalmente al ciudadano y movilizar sus emociones. La imagen del Tigre, la frase pegajosa “Firmes por la Patria”, la estética de autoridad en un país ávido, históricamente, de seguridad y la confrontación con Petro, un mal gobierno, construyeron precisamente ese terreno emocional: “la emocionalidad necesita un héroe y un villano”. En su cierre de primera vuelta, De la Espriella no llamó a derrotar a Cepeda (@IvanCepedaCast): llamó a derrotar al villano, Petro.

También hubo decisiones previas que terminaron favoreciendo esa lógica. En diciembre de 2025 rechazó participar en la consulta interpartidista de la derecha y decidió llegar directamente a primera vuelta. El resultado fue contundente: obtuvo 10,36 millones de votos, mientras Paloma Valencia (@PalomaValenciaL) 1,64 millones. Horas después, Valencia y Álvaro Uribe (@AlvaroUribeVel) anunciaron su respaldo para la segunda vuelta. En palabras de Sun Tzu, no destruyó la fuerza ajena, sino que la incorporó.

A la identidad emocional del Tigre, la elección de José Manuel Restrepo (@jrestrp) como fórmula vicepresidencial, le añadió experiencia técnica, fortaleza institucional y confianza económica. Restrepo cumplió su misión: tranquilizar a votantes atraídos por el cambio, pero incómodos con el candidato.

Nada de esto significa que la campaña fabricase por sí sola la victoria. En mayo, Invamer (@Invamer) registraba 50,4% de desaprobación a Petro y 52,2% de colombianos decían que el país iba por mal camino. La campaña encontró ese terreno y tuvo la habilidad, después de voltear las culpas del candidato, de explotarlo.

De la Espriella terminó ganando por unos 252.000 votos, menos de un punto porcentual. Fue la victoria estrecha de una campaña electoral que él y su estratega entendieron mejor que sus adversarios cómo se iba a disputar y por eso supieron llevarla a su terreno.

Pero la campaña, “la guerra”, ya pasó: conquistar el terreno, ganar la Presidencia, es una cosa; gobernarlo, “dominarlo”, sin convertir al adversario, político o ciudadano, en enemigo, en el marco de una democracia liberal como la colombiana, es otra. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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