La situación de Afinia es muy grave para Medellín. Ni siquiera en el año de la contingencia de Hidroituango se disminuyeron en esa proporción las transferencias a la ciudad. En esta ocasión hay un ingrediente adicional: al alcalde Federico Gutiérrez se le acabó la beligerancia con el gobierno Nacional.
Es por eso que vale la pena preguntarle: Alcalde, ¿prefiere usted endeudar a la ciudad por más de un billón de pesos antes de tener conversaciones —y negociaciones— difíciles con el gobierno nacional sobre Afinia? Alcalde, ¿le da miedo hacerlo porque el Tigre puede ‘morder’ a su hermana, o a su primo en la Vicepresidencia o, quizá, a su candidata al senado que hoy es ministra de Trabajo y quedar así sin trampolín para su candidatura presidencial?
Para la administración, las explicaciones de semejante debacle se reducen a dos sospechosos de siempre: la alcaldía de Daniel Quintero y el fenómeno de El Niño.
“Es que Quintero nos metió en el peor negocio”. Uno puede decir que fue una mala o buena decisión, hay buenos argumentos de ambos lados; pero lo que sabe todo Medellín es que sin esa decisión tomada entre el alcalde Quintero y el presidente Duque —en la que ambos cruzaron favores— no tendríamos el metro de la 80 en ejecución.
Ahora, si el negocio era tan malo, no se entenderían las declaraciones del actual gerente de EPM, quien en repetidos espacios ha dicho respecto a Afinia: “vamos bien orientados y podemos cambiar la cultura; si cambiamos la cultura en la Costa se desatan muchas cosas buenas para ese territorio con el potencial que tiene”.
Es iluso pretender entrar a un negocio con alta rentabilidad sin asumir riesgos. Era de conocimiento público el lastre de Electricaribe, así como el potencial de esa región para el país. Dominar ese mercado eléctrico le significaba a EPM hacerse con otra gran joya.
En cuanto al pretexto climático, vale la pena traer un apartado del concejal Farley Macías “El Niño no firma anticipos. El Niño no aprueba presupuestos. El Niño no se sienta en la junta directiva, no fija las metas de Afinia, no decide qué se paga primero. Esas decisiones tienen nombre, cargo y firma (…) Lo que estamos presenciando es una contabilidad meteorológica: cuando las cifras no cierran, se mira al cielo”.
Ahora, ante esta coyuntura, esperaría uno que la administración de Medellín renuncie a obras accesorias que pueden hacer privados —como la remodelación del Estadio—, o que busque cómo generar nuevos ahorros, pero acaba de aprobar también una reforma administrativa con una pesada carga burocrática por más de 12 mil millones de pesos en nómina al año. En fin.
Sin Afinia en el portafolio del Grupo EPM, a lo mejor los estudios del metro de la 80 irían muy bien y las transferencias a Medellín hubieran alcanzado para hacer más piscinas con olas. De modo que lo primero es sincerar el debate y, luego, apretarnos el cinturón.
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